El político que quiero recordar
“Kirchner podría haberse atribuido la autoría del documento, pero reivindicó los méritos intelectuales de su esposa”. Tulio Abel del Bono.
Conocí a Néstor Kirchner a principios de 2001. Por aquel entonces, yo era diputado provincial por el Partido Justicialista en la provincia de San Juan y, a raíz de la crisis nacional, comprendí claramente que debía salir de mi posición provincial y generar algún contacto dentro del justicialismo nacional, que me posibilitara estar mejor informado y aportar a un proyecto que intentara sacar al país de sus problemas. En ese momento, advertí que dentro del justicialismo se comenzaba a perfilar una alternativa, liderada por el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, que prometía ser algo original, innovador, en la política tradicional. Kirchner acababa de conformar un movimiento político denominado "La Corriente", que en su documento fundacional se definía como "una construcción política federal y plural". A pesar de que la de Kirchner era una de las alternativas menos conocidas dentro del justicialismo (su intención de voto no llegaba al tres por ciento en provincias como San Juan), decidí trabajar junto a él y su corriente. Me atrajo por su concepción del movimiento político como "una construcción", concepto muy respetado y querido para alguien como yo que, por haber estado gran parte de mi vida ligado a la educación universitaria, entiendo a ésta y al conocimiento como construcciones colectivas (plurales) del ser humano y no como algo que viene impuesto desde arriba. Estaba cansado de buscar y esperar líderes políticos providenciales que dijeran lo que había que hacer, para obedecer sin discutir, y anhelaba fervientemente participar en un movimiento político donde las estrategias y las grandes decisiones se pudieran "construir" en forma federal y plural.A principios de 2001 concerté una primera reunión con Kirchner, en la que le propuse trabajar junto a ellos en San Juan, donde todavía no había nada armado a favor de La Corriente. Por supuesto, le advertí que yo representaba un muy reducido caudal de votos provinciales (cosa que, por otro lado, él ya sabía). Su respuesta fue, para mí, cautivante: "Tulio", me dijo, "nosotros tampoco tenemos un gran respaldo a nivel nacional y no estamos en busca de solidaridades a cambio de éxitos a corto plazo. Estamos buscando gente comprometida con nuestros ideales (aunque por el momento aporte pocos votos) y que esté dispuesta a jugarse para cambiar la forma de hacer política y el futuro de la Argentina".Luego agregó, con una fe contundente: "Sabemos que será difícil que ganemos las elecciones nacionales de 2003, pero estamos convencidos de que nuestra propuesta ganará en 2007". A continuación, me preguntó por qué yo buscaba participar junto a ellos. Le dije que me había "enganchado" con la definición de que La Corriente era una "construcción" y le consulté quién había sido el autor de ese documento. Me respondió, rápidamente: "Cristina, mi esposa. Ella fue la ideóloga del documento". Si alguna duda había en mí sobre si debía trabajar o no dentro de La Corriente, esa respuesta me la disipó totalmente. Kirchner podría, sin ningún problema y usando una metodología común en política, haberse atribuido personalmente los méritos de la autoría del documento. Sin embargo, con total franqueza, reivindicó los méritos intelectuales de su esposa.La historia después trajo para mí algunos sinsabores y varios interrogantes pero, en estos momentos, éste es el Kirchner al que quiero recordar.

