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El poder del poder

No admitió su anhelo de reemplazar a su esposa, la presidenta Cristina Fernández, pero sus movimientos apuntan a ese objetivo. Julián Cañas.

14 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
El poder del poder

Néstor Kirchner volvió a Córdoba, casi desafiante. En la ciudad donde según las encuestas tiene el más alto índice de imagen negativa, anoche colmó un estadio de esos difíciles de llenar para cualquiera, aún para los más instalados en el territorio. En apariencia, parece una contradicción. El kirchnerismo convocó a una multitud en un lugar presumiblemente refractario a su proyecto político.

Pero, si se observa en profundidad, se llegará a la conclusión de que Kirchner mostró en toda su dimensión un estilo que lleva su marca registrada: usó todas las herramientas que le otorga el poder. No midió gastos ni esfuerzos para convocar en la organización de un acto masivo.

Sería un simplismo, rayano con la mentira, asegurar que las 10 mil personas que anoche fueron a Forja lo hicieron arriadas como ganado, por algo a cambio. También sería pecar de ingenuo no querer ver cómo el oficialismo apeló a los recursos que le otorga el poder, para que el acto fuera un éxito de convocatoria.

El ex presidente estrenó en Córdoba su triple condición: jefe del peronismo nacional, flamante titular de la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur) y aspirante presidencial para el año próximo. Aunque haya dicho que no quiere hablar de candidaturas.

No admitió su anhelo de reemplazar a su esposa, la presidenta Cristina Fernández, pero sus movimientos apuntan a ese objetivo. Kirchner no lo dice, pero sus dirigentes más cercanos no dejan lugar para la duda: el santacruceño será el candidato del oficialismo en 2011, "cueste lo que cueste", según definió un intendente del interior cordobés.

Kirchner regresó a Córdoba, en un contexto de acercamiento con el gobernador Juan Schiaretti, y el jefe del PJ provincial, José Manuel de la Sota. Anoche no hubo funcionarios provinciales encumbrado en el acto, pero un schiarettista de la primera hora graficó la actual relación entre el poder nacional y el local: "No fuimos al acto ni le aportamos gente, pero tampoco trabajamos para que la militancia peronista no fuera a Forja".

Esta definición habla de un cambio sustancial. Ya no existe una guerra declarada entre el gobernador y los Kirchner. El plan de refinanciación para las provincias, en el cual Córdoba fue una de las más beneficiadas junto con Buenos Aires, por ser las que más compromisos tenían que pagar a la Nación, es una puerta que los Kirchner le abrieron al PJ cordobés y que Schiaretti ni De la Sota cerrarán.

Schiaretti ha dicho que no se sumará al proyecto político K, pero como lo patentizó un legislador provincial, "todos somos peronistas", dejando abierta la posibilidad de que en el futuro puedan transitar por la misma vereda.

En el PJ cordobés ya descuentan que la elección local irá despegada de la presidencial. Eso le quita la presión de tener que acordar sí o sí con los K. De todos modos, ambos se necesitan: a De la Sota le urge un peronismo unido para aspirar a ganar, con lo cual se debe acercarse al kirchnerismo.

Por su parte, Kirchner necesita del peronismo en Córdoba para sumar votos en el cuarto distrito electoral del país.

Más allá de los amagues y los gestos, las necesidades mutuas ponen a los K y a los peronistas cordobeses en la misma vereda.