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El peronismo republicano y Cambiemos

Los aliados del PRO advierten el riesgo de estar haciendo equilibrio sobre una picadora de carne.

18 de julio de 2016 a las 12:01 a. m.
El peronismo republicano y Cambiemos
(Ilustración de Gustavo Dagnino)

El gobierno de Mauricio Macri no es el primero en los 32 años de la democracia restaurada que llega al poder ganándole al peronismo, pero tiene enfrente el mismo desafío de aquellos que lo lograron antes. Con esa experiencia histórica, debería admitir que la tesis remanida sobre múltiples peronismos, distintos y enfrentados entre sí, siempre dio paso a su versión más efectiva: un instrumento político unificado a la hora de ejercer el poder.Si se atiende a los efectos históricos, antes que a construcciones míticas, en más de 30 años el peronismo gobernó más que ninguna otra fuerza política y los matices no han sido tan pronunciados. Mantuvo el vínculo con sus votantes, y su dirigencia tampoco cambió en demasía.Y aunque los discursos hayan sido de los más diversos, bien se ha señalado que sus sucesivos liderazgos jamás perdieron la relación rentística con el Estado.En sus relatos, el peronismo se ha reivindicado como una expresión de la sociedad. En los hechos, siempre fue un dispositivo de gobierno. Autoconsciente de su astucia histórica, como definió el sociólogo Marcos Novaro ese pragmático don de ubicuidad. En el presente, el peronismo dice haberse reencontrado con su condición republicana. Es el nuevo nombre de su última reinvención. Con esa mutación, intenta tomar distancia de los 12 años de saqueo perpetrado por el kirchnerismo, a quien le niega ahora ciudadanía en la carta natal del movimiento que condujo. No por cuestiones morales ni ideológicas: porque en un partido de gobierno, lo único inadmisible es la derrota.Por eso, la nueva promesa republicana del peronismo viene con la marca en el orillo. Le propone un pacto a Macri siempre que se le reconozca el rol de proveedor privilegiado de la gobernabilidad. Algo que para el PJ no deviene de los equilibrios del funcionamiento sistémico, sino del reconocimiento de su primacía política. Dicho en otros términos: el peronismo será republicano en tanto y en cuanto se admita que continúa siendo el partido de gobierno, que por una mera contingencia histórica ha migrado temporariamente a la oposición.Ante esa presión, el macrismo vacila. Llegó al gobierno con una trayectoria ajena a los grandes pactos con el peronismo. Es más, se ufanó de haber triunfado rechazando una alianza con Sergio Massa. Pero su debilidad parlamentaria lo hizo entrar más temprano que tarde en una lógica de contratos.Algunos de ellos dieron crédito a la habilidad negociadora del nuevo oficialismo, como ocurrió con la ley de pago a los holdouts .Otros pactos sólo se resolvieron con una cesión riesgosa de los objetivos económicos del Gobierno, como pasó con la ley ómnibus para el pago de la deuda a jubilados y el blanqueo. Sin embargo, de estos resultados con causas dispares, el macrismo resolvió saltar a la exploración de acuerdos de orientación electoral, con miras a los compromisos ineludibles del año próximo. Cada cual a su modo, Marcos Peña y Rogelio Frigerio reconocieron esos tanteos de pactos más o menos explícitos con el peronismo. Que les propone proveer gobernabilidad a cambio de que Macri no invada en 2017 sus territorios.Los aliados del PRO comienzan a advertir el riesgo de que los operadores macristas estén haciendo equilibrio sobre una picadora de carne. Observan que mientras el Gobierno nacional intentaba coagular las heridas del tarifazo, un grupo de opositores liderados por Sergio Massa y Miguel Pichetto salió a cobrar el rédito político de las medidas de protección a las Pyme y autopartistas que aprobó el Congreso. Y señalan que el hallazgo de cuatro millones de dólares en propiedad de Florencia Kirchner sumó certezas sobre el enriquecimiento de la diarquía que vino de Santa Cruz. Pero que es Margarita Stolbizer, aliada de Massa, quien obtiene mayor protagonismo como denunciante. El justicialismo ha terciarizado en ella lo que no podría hacer con actores propios.Como el mercurio en gotas, el peronismo se divide en múltiples fragmentos cuando estalla el termómetro de la tolerancia política a sus excesos. Luego se une, sin mayores problemas con la química.