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El partido se juega contra la inflación

Ni fueron suficientes los votos obtenidos el año pasado para controlar el Congreso ni la oposición tiene el grado de cohesión necesario. Adrían Simioni

18 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
Redacción La Voz
El partido se juega contra la inflación

La foto de ayer, con un Senado que por tercera vez consecutiva no logra sesionar y una Cámara de Diputados en la que, aun en minoría, el kirchnerismo logró maniobrar judicialmente para evitar un voto en contra del decreto de necesidad y urgencia sobre reservas del Banco

Central, terminó de poner en evidencia que la capacidad de los bloques anti K para condicionar al Gobierno es insuficiente. Ni fueron suficientes los votos obtenidos el año pasado para controlar el Congreso ni la oposición tiene el grado de cohesión necesario para actuar con contundencia.

Los Kirchner ya tienen asegurada a la presidenta del Banco Central que más les gusta; manejan a gusto las reservas del Banco Central (incluso si se cayera el DNU, ya tienen un proyecto de ley igual en el horno) y, si llegara a prosperar la reforma del Impuesto al Cheque, pueden vetarla o reducir partidas a las provincias por el mismo monto que dejaría de recibir la Nación.

El único problema es que, mientras a esas partidas de unos 10 mil millones de pesos hoy las pueden concentrar en el conurbano bonaerense o en cualquier otro distrito en el que tienen su base de sustento político, con la reforma del impuesto irían automáticamente a cada provincia en un porcentaje específico.

Al menos ayer, Néstor Kirchner volvió a mostrar que es el dueño de la pelota. Todos los demás van al arco.Si esto es así –estabilidad que no se puede garantizar, en vista de lo sucedido en los últimos dos meses–, entonces el partido real de los Kirchner no se jugará contra la oposición política, sino contra la inflación; la única verduga de gobiernos democráticos –junto con el desempleo– que conoce este país.

Desde hoy, en la Quinta de Olivos se deben estar masticando dos opciones:Una es dejar que la desorganización de la economía introducida por el kirchnerismo –que en última instancia es lo que refleja la inflación– siga gestando el estallido o la decadencia, para que la bomba le estalle a un futuro gobierno. En poco tiempo, una porción muy importante de la sociedad estaría diciendo, erróneamente, "esto con los Kirchner no pasaba".

La otra opción es que, dado que no es descabellado que el kirchnerismo pueda controlar el PJ y retener el poder en 2011, sería conveniente hacer algo con la inflación.

Ese “algo” es perturbador. Para la mayoría de los economistas, la inflación, al menos en un corto plazo, se ataca con alguna forma de ajuste. Si debe ser grande o chico, depende del tamaño del problema.

Los gobiernos kirchneristas jamás han mostrado un atisbo de autocrítica con su  política económica –lo cual dista de ser un defecto exclusivo de los K, como bien sabemos–. Por lo tanto, es difícil que opten por esbozar un plan antiinflacionario. Sería muy costoso en términos políticos para quienes se han cansado de despotricar contra los “ajustes neoliberales”.

Lo más probable es que corran hacia adelante e insistan con su propia forma de ajuste –al fin y al cabo, eso es la propia inflación–. En el corto plazo, podrán seguir culpando a los demás y no hacerse cargo de la inconsistencia de su esquema de política económica.

Claro que esa vía tiene dos riesgos. Uno es que la economía entre en una paulatina decadencia, que nunca se ve de inmediato. El otro es que la búsqueda de chivos expiatorios termine por derivar en excesos para un sistema democrático y republicano.