Temas del día:

El país seducido por la cuadratura del círculo

Es una espiral descendente. Un argentino de 50 años de edad experimentó estos descensos ya tres veces, si se cuenta desde la Guerra de Malvinas.

17 de junio de 2014 a las 11:53 a. m.
Redacción La Voz
El país seducido por la cuadratura del círculo

Doce años después de la declaración de default aplaudida por el Congreso de la Nación, Argentina vuelve a encontrarse a las puertas de una cesación de pagos. Como en 2002. Argentina sigue tanto o más dividida que entonces. Sus elites políticas ni siquiera logran compartir un diagnóstico para explicar el misterio que nos lleva a ser un país con tanta vocación por la excepcionalidad. Pero no todo es igual a 2002. La infraestructura del país está más obsoleta que entonces. Si en aquel momento se exportaba energía, hoy se importa. El Estado no es más eficiente ni capaz de lo que era entonces. Una proporción de la población parecida a la que entonces estaba desempleada hoy sobrevive con subsidios y no logra ganarse la vida. La presión impositiva es récord. No hay demasiado margen para devaluar: Cristina Fernández acaba de hacerlo, sin que eso generara un rebote como en 2002 sino algo muy parecido a una recesión. Y no hay en la gatera el milagro de un nuevo salto espectacular en los precios de los granos, como sucedió justo después de aquella declaración de default .Es una espiral descendente. Un argentino de 50 años de edad experimentó estos descensos ya tres veces, si se cuenta desde la Guerra de Malvinas, en 1982. ¿Esta será la cuarta?Una década de un gobierno triunfalista y soberbio terminó ayer con los adherentes al "proyecto", en las redes sociales, escupiendo un maniqueísmo inútil e ignorante: "Los que festejaban el embargo de la fragata Libertad son los mismos que ayer se regodearon con la decisión de la Corte de Estados Unidos".Infinidad de mensajes iguales: "Los que x, son los mismos que z". Como si eso sirviera para cancelar deudas y no expresara, a duras penas, la frustración en que desembocan las teorías erradas.Nadie se regodea. Lo que hubo fue mucha gente formada, especializada, que advirtió que nos íbamos a comer las vacas, que terminaríamos con déficit energético, que tomar por asalto el Banco Central –primero para quitarle las reservas y después para obligarlo a imprimir– era sólo una forma de ocultar el brutal déficit de un gasto público desbocado y sin otro destino que financiar la vocación hegemónica de un gobierno de mala praxis.Estamos todos medio cansados, agobiados por este país de excepcionalidades que hemos ido armando. Un país seducido por la búsqueda de la cuadratura del círculo, que ninguna sociedad más o menos desarrollada busca. Ya todos saben que no existe. Menos nosotros. Ante cada frustración, inventamos previsibles teorías conspirativas sobre un mundo externo "con aliados internos", decidido a frustrar nuestro destino de potencia. Buscapié Somos una sociedad cuya amplia mayoría de políticos creyó que la imposición de una quita de 75 por ciento a los acreedores y un corte de mangas a quienes no se resignaron a esa poda iba a ser gratis. No sólo Néstor Kirchner, sino también Roberto Lavagna, entonces ministro de Economía, y un amplio abanico de la "dirigencia" creyeron que ese buscapié que quedaba con la mecha encendida no iba a encontrar nunca nuestras patas.Cuando seis años después del canje el cohete empezó a acercarse, la Presidenta volvió a plantear la excepcionalidad: la Justicia de Estados Unidos no se animaría a condenarnos, porque eso conmovería los mercados mundiales y las reestructuraciones de deuda por toda la posteridad. Mentira. Ayer ni se mosquearon los mercados internacionales. No somos tan importantes.De concretarse, este será el octavo default soberano de la Argentina desde 1827.Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Panamá, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, Uruguay, no han tenido ninguno desde 1990. 24 años. Argentina está en riesgo de deslizarse en su segunda cesación de pagos en 12 años, sin haber terminado de arreglar la anterior.¿Y si probamos con ser normales, como decía Néstor?