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El mismo escalón, 20 años después

Lo que parece haber ocurrido es un “achatamiento” en la pirámide socioeconómica, con salarios mediocres en dólares y un consumo galopando por la imposibilidad de resguardar pesos.

03 de junio de 2013 a las 02:00 p. m.
El mismo escalón, 20 años después

Después de Asia, las naciones latinoamericanas son las más observadas en el mundo de los mercados emergentes. La razón: hay un proceso de movilidad ascendente en la región.

Más fuerte en unos países que en otros, lo cierto es que más personas ingresan en la clase media (o vuelven), lo que incrementa la capacidad de compra por habitante.

Un reflejo de ese fenómeno es la distribución del ingreso, que muestra la manera en la que se produce el reparto en una sociedad.

Ahora bien, podemos ser menos desiguales, pero no necesariamente menos pobres.

Entre 2000 y 2010, el coeficiente de Gini de Argentina promedió 0,445. En el mismo período, Tanzania ­registró 0,376, según el Informe sobre Desarrollo Humano 2013 de la ONU.

Desde ese prisma, Tanzania es menos desigual que Argentina. Sin embargo, el producto interno bruto (PIB) per cápita de nuestro país es casi 2.000 por ciento mayor al de la nación de la costa este africana.

Es más: Tanzania ocupa el puesto 152 en desarrollo humano, con un bajo estándar de progreso, mientras que la Argentina está en el lugar 45, en el grupo de alta performance.

Lo mismo ocurre en sentido inverso. Chile, por caso, es más desigual que Argentina, pero tiene un desarrollo humano superior y un PIB per cápita 30 por ciento mayor al nuestro.

En rigor, lo que parece haber ocurrido en la última década es un “achatamiento” en la pirámide socioeconómica local, con salarios mediocres en dólares y con un consumo galopando por la imposibilidad de consolidar y resguardar pesos desvalorizados por la inflación.

Pero, además, la lectura sería sesgada si no retrocediéramos más allá de la tremenda crisis con la que empezó este siglo. Con lo cual, el escalón que pisamos ahora es el mismo del cual nos desbarrancamos, primero anestesiados y después en forma bochornosa desde la década de 1990. La recuperación no fue menor. Pero exige una superación que nivele la distribución del ingreso hacia arriba.