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El irrefrenable empeño por quedar en la historia

Los gobernantes se resisten a dejar el poder como "uno más". Están empeñados en ganarse un lugar en la historia, privilegio que la sociedad reconoce sólo a unos pocos. Julián Cañas.

22 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
El irrefrenable empeño por quedar en la historia

No son los únicos. Pero no deja de sorprender el irrefrenable empeño de los gobernantes de turno por apropiarse de un lugar en la historia.

Con realidades políticas no comparables, en sus discursos hay un hilo conductor común entre la presidenta Cristina Fernández; el gobernador Juan Schiaretti y el intendente de Córdoba, Daniel Giacomino: se resisten a dejar el poder como unos gobernantes "más".

La jefa del Estado no ahorra autoelogios al hablar de su gestión y la de su antecesor, su esposo Néstor Kirchner. "Nacional y popular" y "La historia nos reconocerá lo que hoy otros no admiten" son algunos adjetivos calificativos a los que suele apelar Cristina y también su marido. El diputado nacional no tiene rubores en decir que la administración de su esposa es "la mejor de la historia".

Basta con sentarse a ver el fútbol por televisión para verse ametrallado por la publicidad oficial que deja a la gestión K en los umbrales de la historia. Claro, según los publicistas oficialistas.

En el caso de Schiaretti pasó de la asfixia de tener problemas para pagar los sueldos, al entusiasmo de tratar que su gestión deje una marca en la historia.

Con el desendeudamiento que le otorgó la Nación y la marcha alcista de la recaudación, en la Casa de las Tejas siembran optimismo.

Consideran que en el año y medio que le queda de mandato, Schiaretti podrá revertir la imagen de debilidad con la cual asumió y dejar el poder con una imagen "parecida" a algunos ilustres "hacedores" como, por ejemplo, el brigadier Juan Ignacio San Martín.

Si faltaba algo para ratificar esta voluntad de no dejar el poder como "uno más", ayer Giacomino sembró suspicacias sobre su futuro.

El intendente también está convencido de que tendrá viento a favor hasta el año que viene. Cree que con obras logrará revertir la mala imagen de su gestión, que araña el 80 por ciento.

Los gobernantes están empeñados en "hacer historia", un privilegio de pocos que la sociedad reconoce con el tiempo. No hay obras ni publicidad que ayude a ganarse ese sitial en los libros y, sobre todo, en la conciencia colectiva.