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El invierno del descontento

En las próximas candidaturas al Congreso Nacional, esa presión será todavía más fuerte que en la lista que el Gobierno le secuestró a Sabella.

19 de mayo de 2014 a las 12:02 a. m.
El invierno del descontento

La combinación de nuevas complicaciones económicas y un procesoamañado de sucesión política le están sumando a la transición otros frentes de turbulencia. El dólar amansado con la impopular devaluación de enero ha comenzado a dar respingos. La economía del país mira a un lado la astringente política monetaria del Banco Central y al otro los nervios del ministro Axel Kicillof, remiso a frenar el despilfarro de fondos públicos, para los que pide más presión fiscal y mayor emisión.La depreciación del peso disparó los precios y al mismo tiempo contrajo la economía hasta el umbral de la recesión.Las estadísticas oficiales han comenzado a admitir datos más realistas. Reconocieron una caída de un punto del Producto Bruto Interno tan sólo en marzo pasado.El Indec venía mintiendo también con las cifras del crecimiento. Sólo en 2008, el engaño duplicó la realidad. El país creció entonces 3,1 por ciento; mintió 6,8 por ciento y pagó 2.361 millones de dólares de más a los poseedores de títulos atados al crecimiento. La patria es el otro; que florezcan las mil flores.La economía se ha enfriado y se avecina el invierno del descontento. La política había procesado la devaluación de enero con una moderación sorpresiva. Ninguno de los actores relevantes apostó entonces a una evolución traumática.Sin embargo, el nuevo escenario de la actividad detenida no parece encontrar las respuestas adecuadas en los postulantes a suceder a Cristina.Mientras los problemas del país real se acumulan, los precandidatos sólo se empeñan en la instalación virtual de su imagen pública.Responden a una tendencia del sistema político que se afianzó en los años del kirchnerismo. A la doble vuelta electoral de la Constitución reformada, le añadió una tercera para definir candidatos y disolver alianzas. Y reservó para el oficialismo de turno el dominio absoluto del financiamiento público y un portentoso aparato de propaganda.El diseño del sistema electoral argentino fue un traje a medida para una concepción hegemónica de la actividad política, en la que la oposición sólo es admitida en tanto sea irrelevante y no constituya una amenaza para el poder. Lo que equivale a decir: mientras no sea oposición.En el Congreso Nacional, se acumulan los proyectos para modificar las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso), esa regla en la que el único movimiento coalicional posible era el que ya detentaba el kirchnerismo.Concluido su tiempo, ese cepo les molesta a todos, desde Mauricio Macri hasta Daniel Scioli. En este último caso, anhelaría que la ley de las Paso permitiera convertir a algún contrincante en candidato a vice. Sergio Massa podría ser tentado así a regresar al peronismo.Pero los centuriones de Cristina quieren ese puesto para ellos con el mismo celo con el que miran alguna silla vacante en la Corte Suprema de Justicia de la Nación.Scioli se conforma con propulsar el sistema proporcional en las primarias, que hoy sólo contemplan un esquema de mayoría y minoría. Busca así contener a la dirigencia más díscola del peronismo, mientras ajusta sus relaciones con los gobernadores de provincia para que, desdoblando lasfechas electorales o estableciendo las Paso provinciales, puedan resolver las disidencias en sus distritos sin padecer fugas internas hacia el frente de Massa.En las próximas candidaturas al Congreso Nacional, esa presión será aun más fuerte que en la lista que el Gobierno le secuestró a Sabella. En 2015, el kirchnerismo tendrá como desventaja lo que el año pasado le jugó a favor: renovará las bancas de su mejor elección en la historia, la de Cristina en 2011.Como además rige la norma de balotaje, todos miran el juego desde esa posibilidad de coaliciones fácticas que se pueden dar en segunda vuelta, como la que llevó a Néstor Kirchner al gobierno ante el temor de Carlos Menem de ver a toda la oposición aliada, de hecho, en contra de su regreso al poder. Es un razonamiento tan especulativo que riñe con la urgencia de políticas cooperativas que requiere la crisis. Pero es el sistema que diseñó el oficialismo, a pesar de las proclamas de renovación política. Incluye el más preciado de los instrumentos de la cancha inclinada: el manejo partidario de las autoridades de mesa. Por eso rechazó la aplicación de la boleta única.Julio Roca se enojaba si le mencionaban a su adversario Carlos Tejedor. "Puede renunciar 20 veces a ser candidato y retirar 20 veces su renuncia, sin riesgo de perder sus votos. Porque están encerrados en las cartucheras de los vigilantes", decía. Roca fue el precursor de los comicios controlados por punteros. En las mesas electorales, los votos pasaron a revistar en los bolsillos de sus fiscales.