El impacto del golpe de un ex socio que sabe dónde pegar
Moyano, ex socio K, puso en el centro de la escena que la inflación y la presión impositiva corroen los ingresos de los que menos tienen. Roberto Battaglino.
Al gobierno de los Kirchner le han dado fuerte desde varios lados en ocho años y medio de gestión. Siempre de afuera, de sectores que nunca fueron parte integrante del "proyecto nacional y popular". Hugo Moyano, otrora socio dilecto de Néstor Kirchner, le está asestando a Cristina Fernández los golpes que sólo las astillas del mismo palo suelen dar: donde más duele. Con su prosa enrevesada, el ex mimado líder gremial instaló fuerte en la agenda pública algo que padecen los argentinos hace tiempo, y que el discurso oficial siempre se ocupó de ocultar o maquillar: la inflación impacta mucho más en los bolsillos de los que menos tienen y de los que dependen sólo de un salario para subsistir.El concepto de lo popular queda en severa discusión a partir de que hay una visualización concreta de cómo la escalada de precios corroe la capacidad adquisitiva de gruesos sectores de la población, en especial de los que siguen siendo víctimas de la economía no formal. Un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) revela que una familia con un ingreso salarial de seis mil pesos mensuales tributa casi el 47 por ciento en concepto de cargas nacionales, provinciales y municipales.El Impuesto a las Ganancias, en su momento agravado por la reforma que aplicó Fernando de la Rúa en los estertores de la Convertibilidad y que le valió el fin de su efímero romance con los sectores medios que lo respaldaron como una alternativa al menemismo, no se ha actualizado a tono con la suba de la inflación y los salarios. Así, se ha tornado en más distorsivo de lo que era, hasta llegar al absurdo de que, en determinados casos, los trabajadores prefieren no recibir una suba o adicional salarial porque el impacto de Ganancias es tal que se lleva más de lo que les aumentan.No en vano Moyano llamó ayer a la Plaza de Mayo a los "afectados por el Impuesto a las Ganancias", como una especie de nueva consigna de la militancia gremial.Y, puesto a pegarle al Gobierno, al que adhirió hasta hace poco, le entró en un punto muy sensible. Moyano, de un más que turbio pasado, comparó la gestión de Cristina con la dictadura y le dijo algo que sólo algunos opositores, muy tibiamente, se habían ocupado de recordarle: "Cuando nosotros peleábamos contra el gobierno militar, ellos estaban debajo de la cama". Impacto. El Gobierno sintió el impacto y seguramente temió que una protesta poco racional empezara a contar con adhesión social, como ocurrió en su momento con los cortes del campo, que sirvieron como catarsis de sectores que pronto se alejaron de los reclamos en las tranqueras. Cristina alteró su agenda internacional al descubrir que sus espadas caían casi sin combatir ante la poco poética verba de los Moyano. Cuando el vicepresidente Amado Boudou se paró como la voz oficial en contra de la riesgosa medida de Camioneros, la familia Moyano se limitó a invitarlo a "aclarar ante la Justicia sus cuestiones pendientes".Después apareció el vicegobernador bonaerense, Gabriel Mariotto, como para que quedara claro que el ausente gobernador Daniel Scioli está ya, para los K, en el bando de la contra. Pero para los Moyano, y para varios sectores políticos, todavía no tiene estatura para subirse al ring en las peleas de fondo.Fue así que Cristina tuvo que recurrir al que fue hombre fuerte en la gestión de Néstor y que ella misma se encargó de degradar, Julio De Vido, quien terminó siendo el interlocutor oficial de su viejo conocido Moyano, para que el líder de la CGT diese por cerrado este capítulo del enfrentamiento, que sigue la semana que viene en una Plaza de Mayo que mostrará la poco usual escena de una movilización peronista en contra de un gobierno peronista. El De Vido que contestaba preguntas de la prensa representa a un gobierno que la pasa mal estos días. En especial, porque está descubriendo que cada vez se le animan más. Y se le animan los que están cerca, como el caso de Scioli.En esa línea, bien puede inscribirse al cordobés José Manuel de la Sota, que decidió seguir desde Brasil estos días caóticos. Pero no sin avisar que quiere poner a Juan Schiaretti al frente de la lista de diputados nacionales el año que viene, con lo cual está notificando que no quiere, por ahora, alianzas con el kirchnerismo, y que será una elección para medir fuerzas con vistas a su aspiración de competir por la sucesión de Cristina.En definitiva, estos días de largas colas en las estaciones de servicio no fueron otra cosa que una avant-première de lo que será la larguísima película de la disputa por la sucesión presidencial.

