El futuro del gobernador depende de Cristina
De la Sota les ha dicho a los suyos que hay dos gobiernos posibles: uno, con márgenes, si hay acuerdo con la Nación; otro, de emergencia, si no se llega a un entendimiento. Roberto Battaglino.
Desde que le cambiaron el mapa, José Manuel de la Sota busca la manera de acomodarse. Cristina Fernández de Kirchner ganará pasado mañana con comodidad aplastante en el país y con cierta holgura en Córdoba, sin necesitar de la más mínima colaboración del gobernador electo. Y esto lo ha desacomodado al sucesor de Juan Schiaretti, que imaginaba otro escenario cuando se impuso tranquilo en la elección provincial del 7 de agosto pasado. Él necesita de ella, ella no necesita de él, al menos por ahora. Por eso, De la Sota ha ido conversando, personalmente o por teléfono, en los últimos días con los suyos y le transmitió un mensaje claro: hay dos escenarios posibles, uno de sintonía con Cristina y otro de colisión con la casi segura presidenta reelecta. En el primer caso, su gestión tendrá márgenes más amplios, podrá desarrollar obras y planes de impacto, le dará un juego amplio a su gabinete, tendrá oxígeno para su promoción política. Para la segunda hipótesis, varios casi seguros funcionarios delasotistas escucharon hablar de "acostumbrarse a la emergencia".Para resolver la incógnita, De la Sota sabe –y así lo repiten sus colaboradores más cercanos– que la única manera es el diálogo directo con la Presidenta. El gobernador electo se irá a Estados Unidos horas después de la votación del domingo y desde allá comenzará a llamar para ver si en los próximos días concreta una cita. La situación es de tal gravedad que no hay posibilidad de recurrir con interlocutores. A lo sumo, que la Presidenta le indique con quién debe sentarse para generar viabilidad a la futura gestión provincial.De la Sota sabe que Cristina nunca lo va a poder contar entre los leales, pero al menos espera que no lo ubique en la vereda de adversarios activos o potenciales. Si es así, el déficit de la Caja de Jubilaciones no cubierto, las viviendas que llegan en dosis homeopáticas a la Provincia, las eternas demoras en concreción de obras públicas clave para el desarrollo estratégico serán más que pesadas mochilas para el futuro mandatario, cuyos potencionales funcionarios siguen mascullando que no saben si tendrán para arrancar pagando el aguinaldo.Por eso, el gobernador le ofrecerá pactar políticamente y le recordará los gestos de buena voluntad del peronismo cordobés, como fue la poca cordobesista decisión de no presentar –por primera vez en la historia– lista de candidatos, guiño que no fue reconocido de ninguna manera.En la idea del futuro gobernador, figura la posibilidad de que haya kirchneristas en su gabinete, incluso algunos que están hoy ocupando funciones en el Gobierno nacional. Pero como no sabe qué hará Cristina con el resultado, con el tercer mandato de la era K y si buscará hacia el seno del justicialismo nuevos enemigos, tras haber debilitado o reconvertido casi todo lo que se le puso enfrente, De la Sota le ha dicho a los que ya habían comprado el traje para jurar el 10 de diciembre en Río Cuarto como ministros o secretarios que no lo saquen por el momento de la funda.Mientras, el resultado del domingo sólo tiene la incógnita de los porcentajes. No obstante, para después del 10 de diciembre, a los argentinos y a los cordobeses les quedarán muchos dilemas por resolver.

