El divorcio de la agenda ciudadana
El discurso de los gobernantes se aleja cada vez más de las preocupaciones de la gente. Cristina lo lleva al extremo. Roberto Battaglino.
La agenda del discurso político no siempre coincide con la agenda ciudadana. A veces, hay discrepancias sutiles. En otras, se da un divorcio muy explícito.
La celebración de 29 años de democracia y de aniversarios diversos de gestiones desnudó que los dichos desde el poder tienen bastante poco que ver con las demandas sociales.
Por caso, una encuesta del Instituto Federal de Gobierno (IFG), publicada el lunes por este diario, revelaba que a los cordobeses les preocupan de manera marcada tres cuestiones: la inseguridad, la inflación y la corrupción. Algunas otras mediciones nacionales indican más o menos lo mismo para la agenda prioritaria que tienen los argentinos.
Unas horas antes, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner pronunció su discurso en Plaza de Mayo para evocar 29 años de democracia, cinco de su gestión y nueve de kirchnerismo, con dos ejes dominantes: la relación entre el Ejecutivo y la Justicia y la relación entre el poder y los medios de comunicación.
Ninguno de esos temas figura en los primeros puestos de las preocupaciones ciudadanas.
De aquel trío que los ciudadanos mencionan como acuciante (inseguridad, inflación y corrupción), ni una sola palabra en el discurso presidencial en la desbordante y festiva Plaza.
En Córdoba, José Manuel de la Sota y Ramón Mestre se pusieron aprobado más al calificar el primer año de gobierno (en el caso del gobernador, primero de su tercer período y decimotercero de la gestión peronista en la Provincia).
Pero los cordobeses, en la encuesta del IFG –a tono con otros sondeos de consultoras cordobesas–, les pusieron regular.
El gobernador y el intendente de la ciudad de Córdoba tienen exactamente la misma cantidad de opiniones favorables que las desfavorables. En el caso de Cristina, es muy amplio el rechazo de los cordobeses a su gestión.
El regular no expresa lo mismo para De la Sota, que lleva varios años en el poder, que para Mestre, que cumplió su primer año. No obstante, para ambos abre la posibilidad de mejorar. Eso sí, claramente no hay una satisfacción mayoritaria, con lo cual el futuro político de ambos depende de que superen con claridad la nota que lograron este año.
El que habló de su futuro fue el intendente. Dijo que la gente lo evaluará en tres años y decidirá si sigue o no. Un mensaje que pareció apuntado a decir que prefiere imitar a su padre y a Rubén Martí en lo de buscar dos períodos en la Municipalidad antes de buscar la Gobernación. Pero tres años en Argentina pueden ser eternos.
De la Sota no habló de su futuro, pero ya está claro que va por la candidatura presidencial.
En su lógica de adjudicar a la relación con la Nación cada uno de los problemas de Córdoba, el gobernador no admitió ninguna responsabilidad de su administración en uno de los temas de mayor queja ciudadana: la prestación del servicio eléctrico.
Epec es la empresa con mayor desprestigio, según coinciden casi todos los consultores cordobeses. La relación política con la Nación o fenómenos climáticos, parecen no ser suficientes para eximir al Gobierno provincial de la responsabilidad de la administración de una empresa, que esta gestión tiene a su cargo hace más de una década.

