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El BCRA es de Cristina, no de Capitanich

Los títulos públicos se hunden tras el incumplimiento del Chaco. Análisis de Adrián Simioni.

09 de octubre de 2012 a las 04:02 p. m.
Redacción La Voz
El BCRA es de Cristina, no de Capitanich

En el fondo del posible default de la Provincia de Chaco (es posible porque incumplió en pagar en tiempo y forma una deuda en dólares pero la Caja de Valores aún no la canceló en peso, a la espera de que Chaco pueda conseguir todavía los dólares necesarios para hacerlo) hay una cuestión clave sobre la que se alertó varias veces en los sucesivos avances que el Poder Ejecutivo nacional tuvo sobre el Banco Central.

Es la tendencia argentina a confundir a la sociedad entera con el Estado, al Estado con el Estado nacional y al Estado nacional con el Poder Ejecutivo (ver Los títulos públicos se hunden tras el incumplimiento del Chaco).

Los billetes que circulan en el país no son propiedad del Estado. Son la representación de una riqueza que corresponde al conjunto de la sociedad.

Los dólares o cualquier otro activo que tiene el Banco Central son el respaldo de esos billetes. Por ende, son de la sociedad, no del Poder Ejecutivo. Por eso se pregona la autonomía de los bancos centrales, que tiene sus bemoles pero no es para desechar.

El episodio del Chaco muestra con claridad la cuestión. El Banco Central ni siquiera le vende a Chaco los dólares que la Provincia necesita para saldar una deuda.

En cambio, al Poder Ejecutivo nacional no sólo no se los vende; desde hace años, se los entrega a cambio de un pagaré en pesos, a tasas de interés negativa, que el Banco Central no puede siquiera transferir a terceros.El arte de la impostura. ¿Para qué hizo eso el Poder Ejecutivo, con la obediencia ciega de quienes se supone que son nuestros representantes en el Congreso? Para no tener que pagar su deuda con su propia plata, que no es la que circula en la sociedad, sino la que el Poder Ejecutivo es capaz de cobrar con los impuestos o capaz de lograr que alguien le preste voluntariamente.

Al poder cancelar su deuda tomando de prepo los dólares del BCRA, al Ejecutivo le sobra dinero para gastar y, a quien ocupa circunstancialmente ese puesto, para consolidar su poder.

Así, Néstor Kirchner primero y en forma más acelerada Cristina Fernández después, pudieron financiar buenas políticas (la Asignación Universal por Hijo) o desperdiciar fondos en cosas como la estatización de Aerolíneas Argentinas para encender el orgullo patriota de muchos de sus votantes. Son sólo dos ejemplos.

Si tuviera que pagar su deuda con plata propia, al Ejecutivo no le resultaría tan sencillo financiar el déficit de Aerolíneas, que en lo que va del año ha necesitado que el Tesoro la auxilie con unos 13 millones de pesos por día para poder mantenerse operativa.

Es un negocio genial para el que está en el Poder Ejecutivo y se siente dueño del BCRA. Puede burlarse de la necesidad de generar confianza porque no tiene que pedir prestado. Puede tildar de malos administradores a gobernadores que, sin esa canilla generosa, no tienen otra salida que hacer ajustes, endeudarse de verdad o aumentar impuestos. O entrar en default, como Capitanich. Es el colmo de la impostura, pero es así.Los dólares son míos, míos, míos. ¿Por qué el Estado nacional sí puede hacer esto con los dólares y una provincia no puede ni siquiera comprárselos? ¿Una provincia no es el Estado? ¿Y una municipalidad? ¿Y una universidad?

¿Por qué dos privados que habían pactado incluso antes del cepo intercambiar una vivienda por dólares tuvieron que arreglárselas entre ellos para hacerlo en pesos, con pérdidas para uno y para otro? ¿Por qué una empresa que tomó préstamos en dólares no puede cancelar su deuda en los términos pactados?

¿Por qué tienen las empresas, los particulares, las provincias y los municipios que afrontar el encarecimiento general del crédito que suponen todos estos mini defaults generalizados, mientras el Ejecutivo puede seguir obligando al Central a “prestarle” dólares y, por ende, seguir repartiendo dinero a quién señale con su dedo?

Por esto: porque el Gobierno de turno logró convencernos de que los billetes le pertenecen y nosotros nos olvidamos que son un bien público que nos pertenece a nosotros y cuya calidad el Poder Ejecutivo debería ayudar a mantener, en lugar de degradarlos.