Detrás de la pelota, el poder y el dinero
Mauricio Macri aspira a que desde la AFA no florezca un competidor. El primer delantero por quebrar parece ser Marcelo Tinelli. La trama política detrás de la pelota.
Como ocurrió con el “doctor”, personaje central de La Hojarasca –aquella novela iniciática de Gabriel García Márquez–, nadie consigue aún el permiso para enterrar a la figura de Julio Grondona. Permanece, crujiente, la pirámide de conducción que encastró con mucha paciencia y astucia durante 40 años. En los últimos, ya anciano y débil, no sólo manejaba al fútbol argentino, sino que controlaba las jugadas más estratégicas de ese deporte a nivel mundial.
Detrás de los goles y las gambetas, el fútbol oculta tramas políticas y negociados tan variados como los colores de las camisetas que lo visten. En nuestro Primer Plano de hoy se realiza un enfoque político que ayuda a entender por qué el fútbol argentino permanece desinflado.
La disputa por el control de la Asociación del Fútbol Argentino es tenaz. Los principales actores políticos están pendientes y juegan su partido. Por supuesto, uno de los más interesados es el propio presidente Mauricio Macri, quien comenzó a hacer política desde la presidencia de Boca.
PRIMER PLANO. La trama política detrás de la pelota
Grondona armó una estructura de mando que impedía a los llamados clubes grandes tener el control de la Asociación del Fútbol Argentino. Un sistema de votación atomizado le permitía un toma y daca permanente, esquema que impulsó en la Fifa.
Por lo pronto, Macri aspira a que desde la AFA no florezca un competidor en la escena nacional. El primer delantero por quebrar parece ser Marcelo Tinelli, hoy aliado (¿circunstancial?) a Sergio Massa.
Ese juego por el mando aparece en una encerrona. Pero si bien ningún sector quiere ceder ni una mata de pasto, aparece un elemento capaz de lograr los consensos más inesperados: el fabuloso botín que ofrecen cadenas internacionales para exponer los partidos en todas las plataformas posibles.
Tal vez el dinero logre superar la letanía del duelo por el mandamás que ya no está.

