Despedida con disculpas, arribo con advertencias
Giacomino comenzó a pedir disculpas a las pocas semanas de asumir, y las reitera ahora que se va. Pero considera que merecía otro mandato al frente de la castigada ciudad de Córdoba. Virginia Guevara.
A lo largo de cuatro años, Daniel Giacomino intentó decenas de veces relanzar su gestión. La fantasía de que su relación con los cordobeses podría "recomenzar" lo acompañó en cada intento, pero no logró esa alquimia. En las últimas dos semanas, se mostró incansable en cotidianas recorridas por importantes obras e inauguraciones, en un estreno algo tardío del perfil de hacedor que los cordobeses esperaron durante 47 meses y medio. En 2007 ganó la elección prometiendo continuidad política y una gestión incansable para resolver los problemas urbanos, y lo primero que hizo fue romper con el juecismo, para meterse en un berenjenal político que lo privó de energía, tiempo y equipos para gestionar.A Giacomino le quedan tres días hábiles como intendente y un futuro con la mano alzada como diputado del kirchnerismo. Lo que queda en Córdoba es un fracaso político estrepitoso y las cotidianas evidencias de cuatro años de autoridad ausente, de pocas ideas y de un constante renunciar de funcionarios que casi siempre se fueron dando un portazo antes de que se entendiera por qué razón habían asumido.Giacomino pidió disculpas a los vecinos en reiteradas oportunidades. La primera vez fue a muy pocas semanas de asumir, y la última fue la semana pasada. La inmensa mayoría de las cosas que prometió quedan incumplidas. Conocedores de la opinión de los cordobeses, él y sus funcionarios apelan al paso del tiempo y reiteran que los juzgará la Historia.A apenas seis días de sucederlo, Ramón Mestre transita el camino inverso. Trata de aglutinar a cada uno de los numerosos sectores del radicalismo en búsqueda de respaldo político, y su actividad pública está dedicada en exclusiva a morigerar las expectativas de los cordobeses.Bajar el umbral de todo aquello que los vecinos esperan de su gestión en el corto plazo se le volvió una obsesión al futuro intendente. Quien observa el diagnóstico y las proyecciones que trazan los radicales, comprende de inmediato que se trata de un mecanismo destinado a no tener que pedir disculpas en breve.Aun cuando en la caja municipal queden los recursos para pagar los sueldos y aguinaldos –la reiterada promesa con que intenta tranquilizarlo Giacomino– Mestre asumirá y no tendrá qué administrar.Los ingresos municipales están comprometidos casi totalmente en sueldos, transferencias a Tamse y Crese e insumos médicos. Para todo lo demás tendrá que pedir, y pedirá a la Nación, a la Provincia, al sistema financiero y a los vecinos: el aumento de impuestos ya fue anunciado varias veces bajo la fórmula de "incrementar los recursos propios". Resta conocer cuánto y a quiénes.También les pedirá a los acreedores. Giacomino reitera que el municipio apenas debe el 22 por ciento de su presupuesto, pero sólo cuenta la deuda financiera. Las facturas impagas y las obligaciones de cortísimo plazo suman, según los radicales, cerca de 600 millones de pesos que para los actuales funcionarios se convierten en menos de la mitad de esa cifra. Lo concreto es que no se pagarán pronto.Mestre planea verificar cada una de las deudas, incluidas las de Tamse y Crese. Habrá un proceso de consolidación y también habrá un título de deuda como medio de pago.Para restituir las prestaciones mínimas imprescindibles, reparar equipos y garantizar tareas de bacheo y alumbrado, el futuro equipo económico analiza otro instrumento financiero.Tamse y Crese juntas insumen el 25 por ciento del presupuesto y siguen sumando personal sin pausa, están siendo auditadas y se anuncia un profundo cambio en su administración. El panorama es complejo, aun sin considerar que frente a cualquier decisión estarán el Suoem, la UTA y los camioneros del Surrbac. Mestre prometió poco más que orden en su campaña. El sábado, además, prometerá sacrificio.

