Debates sobre la República
Con la elección presidencial virtualmente resuelta, el oficialismo nacional dejó circular la versión de que impulsaría una reforma constitucional para permitir la reelección presidencial indefinida. Fernando Micca.
Con la elección presidencial virtualmente resuelta, el oficialismo nacional dejó circular la versión de que impulsaría una reforma constitucional para permitir la reelección presidencial indefinida. La cuestión provocó una reacción discreta, propia de las iniciativas que parecen poco posibles. Igualmente hubo olas. Elisa Carrió acusó al socialismo de ser un potencial aliado de la presidenta Cristina Fernández para plasmar la iniciativa; el socialista Hermes Binner lo negó, aunque afirmó que una reforma sería positiva para establecer un sistema de gobierno parlamentario. En un contexto sin la inminencia electoral, la cuestión tal vez hubiera disparado el debate sobre cambiar o no el sistema presidencialista. Cuando peronistas y radicales concretaron el Pacto de Olivos para reformar la Constitución Nacional y permitir la reelección inmediata del presidente, Raúl Alfonsín planteó atenuar el presidencialismo y avanzar hacia un sistema semiparlamentario. La idea, aunque minimizada, alumbró la figura del jefe de Gabinete, que en teoría debe ir todos los meses a rendir cuenta al Parlamento, lo que en principio aumenta el protagonismo de los legisladores. Pero en la práctica, todo quedó en lo formal. Argentina tiene un sistema fuertemente presidencialista, basado no sólo en la Constitución sino en su cultura política. Sus dos grandes movimientos populares crecieron con el sello de los liderazgos personalistas de Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón. La implementación de un sistema parlamentario implicaría un fuerte cambio, para el cual sería necesario también una modificación en la cultura política, que no es fácil de lograr.Una república parlamentaria tiene un poder presidencial más atenuado y mayor influencia del Congreso, con el consiguiente control de los actos del Ejecutivo. Esto requiere fuerzas políticas sólidas, capaces de sostener una relación fluida y madura, porque el dialogo y la negociación se vuelven imprescindibles, están en el ADN del sistema. En una república parlamentaria es natural la coexistencia de un presidente y un primer ministro con roles complementarios, que en ocasiones provienen de fuerzas enfrentadas pero que son capaces de confluir en un gobierno de coalición cuando hay situaciones de crisis.¿Qué grado de diálogo y convivencia existe entre los partidos? ¿En qué tipos de organización y liderazgos se basan nuestras lealtades? Las respuesta evidenciaría que estamos lejos de un sistema parlamentario. No significa que sea imposible implementarlo (como tampoco es imprescindible hacerlo). En todo caso, debería ser parte de un debate sereno, sin prisas ni condicionamientos.

