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¿Cuántos pagan o cuánto se paga?

No hay dudas de que, tal como está hoy planteado, el Impuesto a las Ganancias es inequitativo, irrazonable y casi nada progre­sivo.

11 de febrero de 2016 a las 12:05 a. m.
¿Cuántos pagan  o cuánto se paga?

La mayoría de las discusiones en torno al Impuesto a las Ganancias giran en torno del sueldo a partir del cual los empleados tendrían que tributar, conocido como “mínimo no imponible”.

En este tema, que estará presente en las negociaciones con los sindicatos, posturas de distintas extracciones parecen competir por ver quién propone el piso más alto (30 mil, 40 mil, 50 mil pesos). Pero, sin dejar de señalar que este tema es relevante, lo importante pasa por otro lado.

La clave en la modificación que propondrá el Gobierno al Congreso pasa por la combinación de las nuevas deducciones con una actualización de la escala de alícuotas y su posterior ajuste automático para seguir la inflación.

¿Por qué? Mientras el mínimo no imponible marca la cantidad de personas alcanzadas por el impuesto, la escala de alícuotas señala cuánto pagará cada una.

Hoy, alrededor del 10 por ciento de los asalariados (más los autónomos y parte de los jubilados) tributa Ganancias. Son los que tienen ingresos medio-altos y altos. Si se subiera el piso a niveles demasiado altos (¿50 mil pesos?) entonces, pasarían a pagar muchas menos personas.

En el mundo, el impuesto a la renta es uno de los pilares de la tributación. El otro es el Impuesto al Valor Agregado (IVA) que, como se aplica sobre casi todos los gastos de un hogar, es más regresivo.

De todos los recursos que la Nación recaudó en 2015 para financiar los gastos del Estado, la prestación de servicios y el pago de jubilaciones y beneficios sociales (incluidos subsidios), el 32 por ciento correspondió a aportes y contribuciones de seguridad ­social, sobre el salario, monotributo y autónomos; el 26 por ciento lo aportó el IVA y sólo el 23 por ciento, Ganancias.

Como reducir el peso de este impuesto a los ingresos implicará que el Gobierno tiene que salir a buscar fondos de otro lado o cortar gastos, la modificación tiene que tener ciertos límites.

No hay dudas de que, tal como está hoy planteado, el Impuesto a las Ganancias es ­inequitativo (no hay dos personas que ganen lo mismo y tributen igual), irrazonable (se toma como parámetro lo que uno cobró en ¡2013! sin importar si cambiaron o no sus circunstancias) y casi nada progresivo (casi todos quienes tributan soportan la alícuota máxima del 35 por ciento).

Unificar el nivel de deducciones –las que conforman el llamado mínimo no imponible– es una prioridad y también lo es fijar un piso de tributación más elevado para recu­perar lo perdido por la inflación de los últimos años.

Pero no debería ser un drama para los empleados de sueldos medios seguir pagando el Impuesto a las Ganancias. Un mínimo de 30 mil pesos en bruto podría ser adecuado ya que supera el monto de dos salarios promedio a junio de 2015, según el último dato del Indec.

No es lo mismo cobrar, por ejemplo, 30 mil pesos netos y sufrir una retención de cinco mil pesos de Ganancias por mes, que ganar ese monto y pagar menos de 500 pesos mensuales de impuesto. El verdadero problema en esta discusión no es cuántos trabajadores, jubilados o autónomos (eternos olvidados) tributan y a partir de qué sueldo, sino cuánto es el monto que pagan.

Si las alícuotas vuelven a tener relevancia, quienes tienen ingresos medios tributarían muy poco y el peso del impuesto aumentaría a medida que su sueldo crece. Ni más ni menos que volver a hacer de Ganancias un impuesto realmente progresivo.