¿Cuánta desigualdad puede admitir una democracia?
Más allá de la desigualdad surgida de la inequitativa distribución de los ¬recursos, los ciudadanos cordobeses consideran que sus gobernantes ¬representan a sus propios intereses y a grupos poderosos.
L a crisis disparada por el conflicto salarial de la policía de Córdoba, con emergentes y consecuencias nunca esperados que luego se propagaron a otras provincias, hizo que los argentinos nos encontráramos celebrando los 30 años de la restitución de la democracia en nuestro país en una situación de interrogantes que apuntan directamente a la necesidad de pensar la calidad de nuestra democracia. Los resultados de una encuesta realizada en 10 ciudades de 10 países de América latina arrojan algunas informaciones que pueden contribuir a la reflexión que nos debemos.El estudio, apoyado por ONU-Hábitat, Fundación Avina y la CAF, consistió en la aplicación de encuestas de Percepción Ciudadana de la Desigualdad en ámbitos urbanos. Córdoba fue la ciudad argentina relevada por un equipo de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba en colaboración con la coordinación ejecutiva de la Red Ciudadana Nuestra Córdoba. No es casualidad que las instituciones promotoras del proyecto hayan puesto el foco en la temática de la desigualdad urbana. América latina tiene dos características que la distinguen: es el continente más urbanizado del planeta y, a la vez, el más desigual.Si a esta realidad sumamos el hecho que se trata de una región sumamente rica desde el punto de vista de los recursos naturales y con un enorme potencial para el desarrollo económico, se evidencia que la desigualdad no sólo encuentra su más palpable expresión en las ciudades, sino también que sus causas no son "naturales".Nuestras sociedades crean y reproducen desigualdad. Y esta problemática estructural e histórica en la región se encuentra en la base de otros problemas emergentes, como la inseguridad y la violencia urbana.Más allá de que los indicadores de distribución de la riqueza han presentado algunas mejoras, no han acompañado en la misma magnitud el crecimiento económico que ha tenido lugar en las últimas décadas en nuestros países.Este dato objetivo es acompañado por el de subjetividades colectivas, es decir de qué manera perciben y le atribuyen significados los individuos a la realidad en la que viven.Atender a las percepciones que los ciudadanos tienen de la desigualdad urbana es importante, en la medida que es sobre estas bases que los individuos opinan, toman decisiones, desarrollan estrategias, prácticas y comportamientos en la vida cotidiana.La ciudad de Córdoba, según el estudio, presenta datos muy contundentes que ameritan ser tenidos en cuenta: cerca del 70 por ciento de los cordobeses opina que la desigualdad ha aumentado en los últimos años.Si profundizamos el análisis de esta información indagando las causas que le atribuyen a esta situación, veremos que, más allá de factores asociados a la desigualdad desde una perspectiva económica, se asigna al factor político una fuerte incidencia en este fenómeno: el 90,8 por ciento de los ciudadanos de Córdoba percibe que los gobiernos representan con sus decisiones a sus propios intereses y al de grupos poderosos.En este último punto, nuestra ciudad destaca por arriba del promedio de la región, que es del 77,4 por ciento, y sólo es superada por Bogotá, con el 93,2 por ciento.Existen otros datos interesantes en los que la ciudad de Córdoba lleva la triste delantera. Desde el punto de vista de las percepciones, el 47,3 por ciento de los cordobeses entiende que los barrios privados constituyen una clara expresión y causa de desigualdad y segregación urbana.Puede resultar muy útil a la reflexión analizar estas y otras informaciones surgidas del estudio. Quizá la mayor contribución sea la de problematizar la desigualdad desde sus causas y explicitar factores que obligan a centrar la atención en las decisiones políticas y los criterios y procesos sobre los que se asientan las políticas públicas estatales.Sería muy constructivo en el objetivo de profundizar la calidad de nuestra democracia y atender a sus deudas pendientes, responder a la cuestión sobre cómo es posible compatibilizar las desigualdades percibidas –sobre todo la desigual oportunidad de acceder a las decisiones que toman los gobiernos– con los principios democráticos.Claramente, desde las percepciones ciudadanas existe una profunda contradicción en esto, con lo cual no debería sorprendernos también que, en situaciones críticas, prevalezca la lógica de la estrategia individual, la inobservancia de las reglas y la pérdida del sentido de lo público.El lamentable aprendizaje cotidiano es que el bienestar, en los hechos, es una cuestión que depende, en última instancia, del sálvese quien pueda.En este marco, la construcción de democracias de mayor intensidad aparece como un desafío para todas las instituciones en general y las estatales en particular, así como hacernos cargo de este debate y construir mayor legitimidad en la claridad de para qué y para quiénes estamos.
*Decana de la Facultad de Ciencias Políticas de la UCC. Miembro de la Red Ciudadana Nuestra Córdoba

