Confesiones verdaderas
Líderes religiosos de los cuatro cultos monoteístas, integrantes del Comipaz, revelan problemas que no abordaron los candidatos a gobernador en la campaña electoral. Las manifestaciones de los representantes de los cultos llevan a la reflexión.
Hace exactamente siete días que los cordobeses no se sienten invadidos por mensajes, carteles, afiches, y pueden encender sus computadoras sin que aparezca la foto de un candidato sonriente. La gente fue partícipe de una campaña electoral cuyos ejes giraron en torno a si se sacaba la tasa vial, si los jubilados volverían a cobrar los aumentos como cualquier empleado público y a una suerte de batalla mediática sobre la inseguridad. Las elecciones pasaron, los ciudadanos eligieron y en pocos días más todo pasará al olvido. Será hasta que se reanude la parafernalia por las Paso y luego la elección del futuro intendente de la ciudad de Córdoba y, por último, saber quién sucederá a Cristina Fernández. En realidad, podría decirse que la campaña concluida hace una semana tuvo "mucho ruido pero pocas nueces". Esto surge de la consulta a los líderes de las cuatro religiones monoteístas de la provincia que integran el Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz). Quizá el resumen de las estrategias de los aspirantes a ocupar el sillón de José Manuel de la Sota lo da Pedro Torres, obispo auxiliar de la Iglesia Católica: "La campaña ha sido un despliegue de spots publicitarios, y por eso ahora sabemos que 'Córdoba se va para arriba'. Nadie hizo comparación de las campañas electorales". Uno a uno, los cuatro representantes del Comipaz revelaron la realidad de los cultos católico, evangélico, judío y musulmán. Las "confesiones verdaderas", no ficticias, que escuchan y perciben cotidianamente y no encuentran eco en las autoridades de turno. "Asistimos a personas que viven situaciones de pobreza estructural. Es una función del Estado pero nos encontramos con que el Estado no da abasto para todo y no podemos mirar para otro lado", cuenta el rabino Marcelo Polakof. El obispo Torres opina que hay cosas que "nadie puede hacer, sino el Estado, como por ejemplo el ejercicio del poder de policía". Excesos policiales Torres se lamenta de los "excesos policiales" de los que se ocupó la Iglesia con las recientes detenciones masivas en un operativo y sostiene que es necesario "comprometer a todos con un trato más digno, al respeto, al saludo, a la cortesía, a decir la verdad. "Nosotros vemos que la trama de los vínculos, en la familia, en los ámbitos laborales, en la calle, está muy llena de violencia y hay que educarse para la paz. Hay que permanecer dentro de la legalidad; por ejemplo, el día que faltan los zorros grises no se puede andar por la ciudad, es un caos el centro. No podemos llevar un policía en el bolsillo, tenemos que vivir por convicciones. No hay que militarizar Córdoba. En Buenos Aires hay más de 100 mil policías; no sirve, hay que educar actitudes y dar posibilidades". La experiencia de trabajo y los consejos de la curia no se pueden soslayar, teniendo en cuenta que sólo en la diócesis de la ciudad capital hay 120 parroquias y al menos 600 capillas. Además de la diócesis de Córdoba, hay otras cinco que tienen como cabecera las ciudades de Cruz del Eje, Deán Funes, San Francisco y Río Cuarto. En el sentido geográfico, lo que más aflige al obispo auxiliar es el norte provincial. "Es el sector que más me preocupa de la provincia. El norte se está despoblando. La gente no tiene futuro. Ahí, si no se invierte, por ejemplo, en una promoción industrial, seguirán surgiendo pueblos fantasma. Ya hay pueblos con canchas de fútbol llenas de yuyos porque ya no hay quién juegue a la pelota". Torres explica que las problemáticas son distintas en cada diócesis y, a su vez, en la misma ciudad en lo que hace a la periferia. "Si observamos las ciudades dormitorio, algunas tienen producción, fuentes laborales propias, como Río Segundo. En cambio, en Villa Allende vienen todos a trabajar a Córdoba". La falta de trabajo es una constante en todos los cultos y todo lo que hacen parece poco. Un aporte importante de la Iglesia fue convocar a empresarios que hicieran un estudio coordinado por la Asociación Cristiana de Empresarios. Tres institutos, el Ieral, la Bolsa de Comercio y la Universidad Nacional, hicieron un diagnóstico de cómo podría Córdoba crecer en su capacidad laboral. "Lo hicimos porque una de las principales preocupaciones de la gente es un trabajo que la dignifique, que haga posible una vida digna y una vida en familia digna. En ese sentido, ha sido inédito, por primera vez en décadas, durante más de un año trabajaron. Después, esos institutos entraron en diálogo con los 16 grupos empresarios de Córdoba, con las cámaras y, fruto de eso, se presentó a los políticos una propuesta de vías de crecimiento para que Córdoba pueda trabajar, encontrar competitividad". El obispo Torres se confiesa asombrado por ciertos datos que surgieron del mencionado diagnóstico. "Yo ni me había imaginado, pero una de las razones por las cuales Córdoba está en el número 19° en competitividad en el orden nacional es por la falta de seguridad jurídica".Remarca el religioso la preocupación de los feligreses por el tema de la seguridad y de la salud. "Pero entiéndase que la seguridad es todo, no sólo lo concerniente a la actividad delictiva, sino a la salud, a la educación, al trabajo. Hoy tenemos muchos suspendidos en Volkswagen. Cuando hay inestabilidad laboral, la gente está mal anímicamente y esa inestabilidad la ocupa la violencia ciudadana. Hay un descreimiento de las instituciones y de la Justicia, que lleva a la gente a tratar de hacer justicia por mano propia, con la tentación también de creer que poniendo mano dura vamos a solucionar las cosas. En esto juega un papel neurálgico la educación, pero una educación también que prepare para el trabajo. Hoy en día, no es sólo saber leer y escribir, sino tener un instrumento para vivir una vida digna. "Si una persona tiene educación, tiene salud, tiene trabajo, ciertamente que puede tener libertad, libertad de expresión, la libertad religiosa, la libertad de tener convicciones y trabajar por la sociedad", dice Torres. Una constante en las entrevistas a los líderes religiosos es la violencia que hace mirar como enemigos a compañeros de trabajo, a miembros de una misma familia, y todos vieron y/o escucharon los duros conceptos del arzobispo de Tucumán, Alfredo Zeco, quien en el tedeum del Día de la Independencia se preguntó: "¿De qué pluralismo y democracia se habla? ¿De la de un discurso único y excluyente que convierte automáticamente en enemigo al que con todo derecho discrepa?". "Es una realidad, pero eso ya lo ha dicho nuestro obispo (Carlos Ñáñez) en la carta de Cuaresma", recuerda Torres. Marcelo Polakof es el rabino de la comunidad judía más grande de todo el país. "Tenemos el Centro Unión Israelita, tenemos una escuela, el templo de calle Alvear. Son unos 10 mil paisanos (dice con cariño) y tenemos unas mil familias socias, es un abanico de gente de todo tipo. Es una microsociedad. Nuestra escuela es una escuela comunitaria y los alumnos pertenecen a todas las clases sociales. Hay chicos que nosotros, como comunidad, les pagamos el remise porque el colectivo escolar no se anima a entrar a los lugares donde viven, tenés a otros chicos que vienen en 4x4 que son compañeritos, lo cual es muy lindo porque no se produce como una burbuja. A veces, la sociedad tiende a vivir más encerrada. Tenés barrios cerrados de clase muy alta y barrios cerrados de clase muy baja, eso termina produciendo inequidad y no es bueno. Para mí, es un buen indicador social, hay un crecimiento social por separado". –¿Como en guetos? –Claro, es así. Los guetos nunca han sido buenos. Yo lo que puedo decir sobre las problemáticas de la gente es que son múltiples y variadas. Como cualquier comunidad religiosa que más o menos funciona, se trabaja no solamente con lo que sería lo espiritual, sino en lo social. Las demandas que nosotros tenemos son múltiples y funcionamos como una especie de superministerio y nos tenemos que ocupar de distribuir y recolectar alimentos, remedios, ropa y otras demandas específicas de familias que están en una situación social difícil, de la cual no pueden salir por cuestiones estructurales. Nosotros también tratamos de dar una mano en el sentido de conseguir trabajo, de asociarlos a alguna tarea que ya está en funcionamiento. Y bueno, a aquellos que no pueden salir de su situación tenemos que asistirlos. Eso es un deber del Estado, pero a veces el Estado no da abasto y nosotros no podemos permanecer indiferentes frente al dolor o a la necesidad de la gente. Cuando podemos, esta ayuda no la restringimos a las familias de la comunidad judía sino que tratamos, en la medida de lo posible, de dar una mano más abarcativa. Hace prácticamente 12 años que tenemos proyectos de asistencia social en distintos ámbitos, como por ejemplo La Botellita, que es un comedor de un muchacho Martínez, un personaje. Hace 12 años que lo conocí y comenzamos a darle una mano de a poquito. A veces, también trabajamos con la Montessori, escuela de chicos con dificultades, o con el Ibis, que es de los hipoacúsicos. Después tenemos un grupo de familias de clase media venida a menos que tratamos siempre, a veces lo logramos, a veces no, de afilar nuestros contactos para tratar de conseguirles un laburo, un apoyo para el oficio, una minibeca, Creo que últimamente han crecido las demandas. Otras necesidades Polakof refiere, además, a las necesidades de la gente con cierta estabilidad económica. "Ahí las demandas son de otras índole, de un aprendizaje, de un conocimiento", y habla de la "mediación" como método para resolver conflictos entre familias. Para el rabino "no existe la palabra rutina. Un día estoy visitando a un enfermo. Puedo pasar del cementerio a una casa de familia, de allí al comedor La Botellita y, de ahí, a dar una clase de adultos para gente que busca desarrollarse. De allí, a una reunión con alguien que se peleó con un hermano y después voy con alguien está en dudas existenciales". La comunidad judía –agrega– está apoyada en tres patas: la Tora (es el estudio, el desarrollo intelectual), el culto (que sería el desarrollo espiritual), y la justicia social (que es el desarrollo social). Toda comunidad judía, todo rabino trata de incidir, intenta deponer en estos tres ejes la tarea. Lo ideal sería el 33 por ciento. Un tercio de mi tarea, al desarrollo intelectual, en mi caso particular el desarrollo de la tradición judía; por otro lado, el desarrollo espiritual, cuando te casás; y el desarrollo social, donde escuchamos demandas. A veces, es mucho más que el 33 por ciento. Por ahí dicen que el Estado no está, el Estado está pero nunca alcanza. Y, además, nosotros como ciudadanos no podemos eludirnos y dejar todo en manos del Estado". Acerca de la inseguridad, Polakof sostiene que está "en todos los sectores y está claro que es mucho más duro en los sectores sociales más empobrecidos, ahí hay inseguridad de base, en todo sentido. Ahí hay mucho para hacer pero no tenemos ninguna incidencia en materia de seguridad".Otro de los requerimientos que recibe el rabino es por "más educación". Cuando le hablamos de chicos que dejan la escuela y no trabajan (cosa que no se da en su comunidad), el entrevistado piensa que "son los menos". "No se cuál es el índice de escolaridad. Es cierto que hay algunos chicos que no terminan el secundario y no estudian ni trabajan. Es un problema serio. Yo no creo que la gente sale a la calle porque quiere. Falta la oportunidad, no tienen oportunidades"."Hay prejuicios que no son buenos porque igualar la pobreza con la delincuencia o decir porque es pobre tiene más chance de delinquir es un error. Es una bestialidad, justamente si vos tenés mucha más necesidad que otro, tenés que tener mucho más autocontrol. La gente que tiene una situación de debilidad social no se engancha en la delincuencia ni en algo similar para conseguir sus medios, sino que busca una changa o un trabajito para rebuscársela; es mucho más digna que muchas clases altas.
La dignidad no está condicionada por el barrio ni por nada, hay delincuentes que viven en barrios pudientes”, opina el líder judío. Polakof resume su realidad como “un espejito de la realidad” y dice que “el rol de la verdadera tradición religiosa en poner incómodo a los que están muy cómodos”,
Un problema moral
El pastor Norberto Ruffa, al abordar los dramas sociales, opina que los problemas en la Argentina “no tienen solución política, ni solución económica, sino básicamente una solución moral”.
En ese sentido, puntualiza: “Los saqueos de diciembre de 2013 fueron producto de lo que hay en el corazón del hombre Yo estoy sorprendido no sólo de la cantidad de hombres, sino de mujeres y niños que salieron a hacer lo que hicieron. Ahí emergió lo peor del ser humano. No son los más, son los menos, pero a veces por los medios, daba la impresión de que toda Córdoba estaba levantada”.
Ruffa utiliza una comparación interesante cuando está en el púlpito frente a los fieles. “Hablo del vaso medio vacío, es lo que se ve, es lo malo que aparece en los medios. Lo que no se ve tanto es el medio vaso lleno. El medio vaso lleno tiene que ver con la gente que trabaja, que estudia. El medio vaso lleno no es noticia. Lo que hace falta es un cambio, una transformación del hombre, que se ha materializado demasiado, se ha desvirtuado la espiritualidad. La moral ha decaído. Ahora se usan términos despectivos para la moral, se le dice ‘moralina’ y si usted es una persona que tiene principios morales le dicen despectivamente que es un “moralista”.
–¿Qué es lo que más preocupa a los fieles de sus 300 congregaciones?
–Problemas hay de todo tipo. Problemas que tienen que ver con el ser humano, con la familia, y los que tiene la sociedad. En lo relativo al ser humano, la falta de paz. La gente busca paz y no tiene paz. La falta de identidad, hay gente que no sabe para qué está, por qué está. En lo social, el gran drama es el tema de la inseguridad, la violencia. Son innumerables los que hablan de la droga, buscan camino para familiares. Nosotros tenemos mucha gente que se acerca por el tema de la droga, hay mucha droga, hay mucha gente con este vicio y tiene que ver con el gran vacío, por la falta de espiritualidad que busca llenar ese vacío con ese tipo de cosas. En la desesperación, quiere escapar de alguna manera y ocurre todo lo contrario, en vez de encontrar la paz encuentra la violencia, el odio, resentimientos. Les echamos la culpa a los políticos, a los gobiernos, a la economía, que mucho tienen que ver, pero también tiene mucho que ver el interior de la persona”.
Por la paz
El imán Alí Badrán, jefe espiritual de los musulmanes, pudo hablar apenas unas pocas palabras porque estaba en cama con gripe. A pesar de su estado, Badrán quiso dejar un mensaje porque está molesto con los medios porque hablan de la violencia musulmana. “Todos los musulmanes queremos vivir en paz sin tener enfrentamientos con nadie. En los medios hablan de la violencia, desconociendo lo que pasa acá y la recibimos de rebote. Eso es ignorancia. Sarmiento hablaba de educar al soberano, lo que significa que hay que educar al pueblo”.
“Hoy, desgraciadamente la inseguridad está inserta en la sociedad y los valores se dejan de lado. La amistad, el amor, la ternura, la hermandad, son los valores que una sociedad no debe dejar de lado. Hay que trabajar por el bien común, pedirle a Dios que ilumine a nuestros gobernantes. La educación es lo primero y la constitución de la familia es fundamental, todo debe apuntar a esto. Hay que tener fe porque por el hecho de que tengamos algunos parates, el mundo avanza, no se detiene, y teniendo fe en Dios todo se hace más fácil”.

