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Con la devaluación, licuaron el rojo fiscal

Capitanich anticipó que en enero se logrará superávit primario y fiscal. Sin embargo, cuestionó “el manual del Fondo Monetario”.

18 de febrero de 2014 a las 12:01 a. m.
Agencia DyN
Con la devaluación, licuaron el rojo fiscal
Capitanich. “Siempre desde las usinas opositoras se pretende menoscabar el comportamiento de la situación fiscal” (DyN).

Ya lo había anticipado el ministro de Economía, Axel Kicillof, a los pocos días de producida la devaluación del peso: en enero, las cuentas fiscales, que venían de un prolongado y creciente rojo, darían un respiro. Era obvio: todo el mundo sabe que, tras una devaluación, la inflación resultante permite licuar el gasto público y multiplicar los ingresos de impuestos atados porcentualmente a la base imponible, como son los casos del IVA, en lo inmediato, y de Ganancias, una vez que, detrás del costo de vida, suben los salarios.

Pero ayer esto ya tomó la categoría de un hecho, al ser anticipado por el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich.

“El resultado fiscal primario y financiero del mes de enero, en forma preliminar, arroja un saldo positivo”, dijo Capitanich, y remarcó que eso sucede luego de dos años con resultados negativos.

“Durante los últimos 11 años, nueve han sido de superávit fiscal, con un resultado ligeramente negativo en los últimos dos años”, indicó el funcionario, que remarcó que “el del año 2013 fue de 22.479 millones de pesos, equivalente a un 0,8 por ciento del PIB”.

En su habitual conferencia de prensa en la Casa Rosada, Capitanich explicó que los dos últimos años hubo déficit fiscal en virtud de una “estrategia” para “vigorizar la demanda agregada mediante estímulos al consumo y a la inversión pública”, a fin de “sostener y mantener el crecimiento de la economía argentina”.

Básicamente, eso se hizo cada vez más con emisión de dinero sin respaldo por parte del Banco Central. Y, desde antes, pagando la deuda de la administración pública con dólares de las reservas, lo que permitió al Gobierno gastar en otros fines los recursos que hubiera debido utilizar para cubrir los vencimientos de su endeudamiento.

El jefe de los ministros indicó que “en el transcurso de esta semana probablemente tengamos información respecto del resultado fiscal, primario y financiero de enero”, aunque anticipó que “en forma preliminar, arroja un saldo positivo”.

Capitanich criticó que “siempre desde las usinas opositoras se pretende menoscabar el comportamiento de la situación fiscal” con “el manual del Fondo Monetario Internacional que tanto utilizan los economistas ortodoxos de la Argentina”.

Sin embargo, es el Gobierno el que viene tratando de recuperar el manual fondomonetarista que durante los primeros años del gobierno de Néstor Kirchner se cumplió a rajatablas, con los entonces vigentes “superávits gemelos” (el superávit fiscal, por un lado, y el comercial, por el otro). Por empezar, toda devaluación tiende a reducir el gasto público en términos reales, por un lado, y a encarecer las importaciones y favorecer las exportaciones, por el otro.

La carrera del gobierno de Cristina Fernández por poder mostrar números positivos en lo que los economistas llaman fundamentals (las variables macroeconómicas más importantes), es contra el tiempo. Hasta ahora, tras la fuerte devaluación, ha logrado evitar un impacto inflacionario más alto aun (que lo complicaría políticamente) con una inusitada alza de la tasa de interés que, de mantenerse, enfriaría la economía. En ese lapso, el Gobierno busca restituir confianza para reabrir los mercados crediticios.