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Certezas y dudas en torno del coágulo presidencial

El vice Amado Boudou asumió temporariamente la titularidad del Ejecutivo, como en 2012.

08 de octubre de 2013 a las 08:26 a. m.
Certezas y dudas en torno del coágulo presidencial

La operación del coágulo cerebral a la que se someterá hoy la presidenta Cristina
Fernández despeja algunas incertidumbres. Pero deja en pie otras, desde el punto de vista político, institucional y hasta electoral, a 19 días de las legislativas.

Certezas. La primera es que el coágulo existió. Desde la noche del sábado, cuando un comunicado de la Presidencia confirmó la afección, no fueron pocas las voces que, desde la oposición y el análisis político, lanzaron diagnósticos que abrevaron en la mezquindad de la política. Coincidieron, en todos los casos, en propagar la idea de que el "oportuno" coágulo cerebral de la jefa del Estado escondía la intencionalidad de sacar provecho del problema, de modo de aportar a revertir el revés que el oficialismo sufrió en las primarias; al parecer irreversible, por otro lado, a la luz de lo que las encuestas parecen confirmar hacia el domingo 27.

La segunda certeza es que la continuidad institucional funcionó. Confirmado el pasaje del reposo a la operación de la Presidenta, el mecanismo se activó casi en simultáneo. El vice Amado Boudou asumió temporariamente la titularidad del Ejecutivo, como lo había hecho en enero de 2012, por la cirugía de tiroides de Cristina Fernández. De haberse descartado la operación, el traspaso hubiera sido innecesario, porque desde el reposo la jefa del Estado podría haber seguido tomando decisiones.

Incertidumbres. La asunción del interinato, sin embargo, no estuvo exenta de diferencias inocultables al interior del Gobierno, que sostienen incertidumbres. El secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, habría intentado limitar a Boudou a un rol protocolar, carente de poder real, pero se encontró con el impedimento constitucional del artículo 88. Aun así, la ausencia de Zannini, sobre todo, aunque también la del secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, en el primer acto que encabezó Boudou, tiene un explícito mensaje político. También lo es el hecho de que cuando Boudou encabezaba ese acto, desconocía la decisión de Olivos de que la Presidenta se sometiera a la operación.

La incertidumbre sobre la continuidad institucional, de todos modos, pareció persistir. Sea por la insistencia en subrayarlo, tanto del propio Boudou como de Daniel Scioli. O por el afán de los diputados ultrakirchneristas Diana Conti y Carlos Kunkel en descartar la eventualidad de una ruptura institucional. Hay, sin embargo, una diferencia entre este Boudou y el de enero de 2012. Entonces, el vice no tenía sobre sí la carga de las denuncias judiciales por supuestos casos de corrupción, que terminaron por convertirlo hoy en el político con opinión más desfavorable de la Argentina. Pero también es cierto que Boudou no está procesado ni imputado en esas causas y que la falta de autoridad moral para ejercer la Presidencia que le endilgan desde la oposición no es motivo legal suficiente para impedirle el rol institucional que asumió ayer. De ser así, ¿no sería peor el remedio que la enfermedad, en términos institucionales?

El país no se ha paralizado. Mañana el Senado se apresta a convertir en ley el Presupuesto 2014. El ministro de Economía, Hernán Lorenzino, viaja hoy a Nueva York para asistir a la asamblea del FMI y ponerse al tanto de la demanda contra los “fondos buitre”. Es temprano, aún para vaticinar si la “victimización” presidencial le reportará votos o no como para cambiar una tendencia que parece irreversible. La palabra definitiva sobre esta conjetura la darán los números de la noche del domingo 27.