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Cavallo, o el abrupto final de un soberbio

En los ’70, Piero Venturi definió a Cavallo de manera magistral. “Es un general de la economía y un cabo primero de la política”, dijo con su acento italiano.

12 de agosto de 2013 a las 02:00 p. m.
Cavallo, o el abrupto final de un soberbio

Con 67 años cumplidos en julio pasado, Domingo Felipe Cavallo llegó a un abismo que él creía que no existía. Sus groseros errores lo depositaron en el rincón de la indiferencia. Con un paupérrimo 1,3 por ciento de los votos, Cavallo confirmó que hoy es una figura política insignificante.Cuando en la década de 1970 reunió a los popes del empresariado de Córdoba en torno de la Fundación Mediterránea, el economista nacido en San Francisco fue definido de manera magistral por quienes lo tenían como líder y guía económico. En aquellos tiempos, Piero Venturi lo pintó en un puñado de palabras, con su indisimulable acento de inmigrante italiano: "Cavallo es un general en la economía y un cabo primero en la política".A años vista y con los números de la elección de ayer, está claro que el ex hombre fuerte de la economía argentina quedó reducido a la nada en política, y en economía son ultraminoritarios los que lo rescatan.Hombre inteligente y soberbio a más no poder, pudo haber sido, tal vez, hasta presidente si no aceptaba ser ministro de Economía del débil Fernando de la Rúa. Aceptó sumarse a la Alianza porque creyó que él era un hombre infalible. Su error central fue subestimar las capacidades del otro. Probablemente, Cavallo llegó a la cúspide en la década de 1990, con la convertibilidad y la espalda política de Carlos Menem, que se sumaron a su destreza y a su audacia para gestionar.Después, con la Alianza, esa muleta donde recostarse no estaba. Y así terminó incendiado y violando los derechos individuales de la ciudadanía al imponer un sistema como el corralito, que limitó a los ahorristas la posibilidad de disponer libremente de sus dineros depositados en los bancos.Él creyó que el radicalismo lo sostendría como un mito viviente. Pero no fue así desde que llegó. El mismo Cavallo reconoció que, durante el gobierno de la Alianza, vivió uno de los momentos más tristes de su vida. El 14 de julio de ese año se casó su hija Sonia con Daniel Fitzgerald Rumde (dos economistas que se conocieron en la Universidad de Harvard). Los diarios de la época dicen que la ceremonia que se realizó en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, en el porteño barrio de La Recoleta, fue oficiada en español y en inglés.Esa noche, Cavallo vivió un calvario porque, afuera del templo, empleados de Aerolíneas Argentinas realizaron un piquete y, cuando el ministro llegó a la ceremonia, le arrojaron huevazos y lo escupieron. Los manifestantes hicieron muchísimo ruido, los insultos no cesaban y la novia debió huir camuflada con una gruesa capa negra, por detrás del cementerio. Al otro día, en una áspera reunión con gobernadores de la Alianza, reconoció que había vivido una de las amarguras más grandes de su vida. La gestión delarruísta se agotó de manera escandalosa y violenta a los pocos meses.Algo más de una década después, Cavallo intentó volver. Creía que la gente le debía un favor. Una actitud que muchos identificaron como un gesto de soberbia. La realidad indica que el exministro se desplomó de manera estrepitosa.