Carrió salvó a Schiaretti de un martes negro
No está medido si el huracán Carrió terminará perjudicando las chances electorales de Negri y Juez, pero lo concreto es que la patinada verbal de la diputada generó alivio en el Centro Cívico.
Mario Negri y Luis Juez habían diagramado un plan que era una especie de bala de plata para el último tramo de la campaña: poner en el centro de la escena una denuncia que involucra al candidato a segunda autoridad de la provincia, Manuel Calvo, y que Elisa Carrió llegara para sacudir la modorra de un tiempo electoral que venía apacible para el gobernador Juan Schiaretti, en su ambición reeleccionista.
La idea era intentar generar un martes negro para el oficialismo provincial.
Ese día, a primera hora, Negri y Juez concurrieron a Tribunales II –rodeados de periodistas– para pedir que se agilizara la denuncia que el abogado Marcelo Touriño presentó contra Calvo, influyente funcionario schiarettista y candidato a vicegobernador.
El segundo acto fue el martes por la tarde, cuando Carrió se asomó a la campaña cordobesa en Cruz del Eje.
En el norte cordobés se acabó la planificación. Era esperable que la diputada nacional arremetiera contra el Gobierno provincial, pero se sabe –como ella misma admitió– que Carrió es inmanejable, y lo que podía ser un envión para los candidatos de Córdoba Cambia se convirtió en un chaleco de plomo.
Su desafortunada frase “Gracias a Dios que se murió De la Sota” sacó de la agenda la discusión por el flagelo del narcotráfico. También las repercusiones por la denuncia en contra de Calvo.
Verborrágica como es habitual, Carrió llegó a Córdoba con el inocultable objetivo de ligar a las gestiones peronistas con el tráfico de drogas.
No era algo nuevo en su discurso disruptivo. Un día antes, había hecho lo mismo en Santa Fe, cuando acusó al candidato a gobernador socialista, el exmandatario Antonio Bonfatti, de tener vínculos con Los Monos.
En Córdoba no hay una banda narco tan conocida como la rosarina, pero Carrió vino para apuntarle al Centro Cívico.
Pero el plan de posicionamiento de Negri y Juez tenía otro acto. Estaba previsto que ayer llegara a Córdoba la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, la dirigente nacional con mejor imagen en la provincia, incluso sobre Mauricio Macri y sobre Cristina Fernández.
La mandataria desistió de viajar, presionada por la volatilidad del dólar. Consideró inadecuado mostrarse en campaña cuando buena parte del empresariado le reclama que sea candidata a presidenta, en lugar de Macri.
Algunos opositores cercanos a los dos principales postulantes de la alianza Córdoba Cambia hasta se envalentonaron para hablar de una “tormenta perfecta” que se abatiría sobre el PJ cordobés en el último tramo de campaña.
No está medido si el huracán Carrió terminará perjudicando las chances electorales de Negri y Juez, pero lo concreto es que la patinada verbal de la diputada generó alivio en el Centro Cívico.
También en el municipio capitalino. Ramón Mestre vio la oportunidad de llevar agua para su molino en su pulseada personal contra Negri y la Casa Rosada.
El intendente habló del cajón de Herminio Iglesias, en referencia al dirigente bonaerense que, con la quema de un ataúd con la bandera radical, le dio un empujón a Raúl Alfonsín en el tramo final de la compulsa electoral de 1983.
En campaña, todo vale. Algunos sobrevaloraron la presencia de Carrió, y el PJ trató de magnificar lo que fue un exabrupto verbal.
Todo en un contexto en el cual Schiaretti cree que está encaminada su reelección y también un posible triunfo del PJ en la Capital. El gobernador no habla, no debate y su plan es mostrar obras y no discutir propuestas con sus rivales.
Puede ser una buena estrategia electoral para alguien que se siente ganador, pero pobre desde lo institucional.
Quedan 12 días de campaña y, hasta hora, lo más relevante fue la pifiada de Carrió.

