Cada caso tiene su "pero", peeero...
Sólo la Justicia puede confirmarnos si es un perro. ¿Podrá? Adrián Simioni.
El caso Ralph Lauren parece de poca monta: 568 mil dólares de coima en cuatro años suena módico a esta altura. Tal vez fue dinero que quedó en la burocracia aduanera. Pero lo que asombra es su contundencia. La empresa lo confirmó oficialmente ante autoridades de otro país. ¿Habrá muchas Ralph Lauren? ¿Y si fueran, digamos, 100? Atenta, Afip contraatacó: los directivos locales de la firma dicen que coimearon –argumentó– para justificar faltantes de los que, tal vez, se apropiaron ellos mismos.
Lo de Embraer es relativo. Hay varias razones que pueden explicar la diferencia de precios de aviones que compró Aerolíneas Argentinas, como el hecho de que incluya el entrenamiento. Y Embraer parece haber iniciado una investigación para llenar los casilleros que le exige el regulador estadounidense, que a su vez no puede ignorar el hecho de que hay una causa judicial iniciada en 2009 en Argentina. Pero acá aparecen funcionarios muy sospechados, como Ricardo Jaime. Y son 698 millones de dólares. Un verdadero dineral en ese gallinero.
Y después está el “Lázarogate”. Los “testimonios panqueques” y hasta algunos certificados de Lanata pueden no ser muy convincentes. Pero el problema no es ese, sino explicar cómo, en 10 años, un gerente de banco provincial y militante kirchnerista puede trocar en megaconstructor del faraón, petrolero y estanciero. Mueve la cola, babea y ladra. Pero... sólo la Justicia puede confirmarnos si es un perro. ¿Podrá?

