Caballo de Troya
¿Hubo indicios que permitieran presumir ese camino, reivindicado por su protagonista como una gesta épica de la coherencia política?
El votante que concurra el nueve de agosto a las urnas con la intención de votar por Mauricio Macri en las primarias presidenciales encontrará un engaño en la boleta. El nombre del actual senador Luis Juez estará propuesto para una banca en el Senado de la Nación que no ocupará. Si el ciudadano lo vota, habrá votado en realidad a un suplente.
Si para evitar ese atajo a la verdad, el ciudadano no lo vota, habrá perjudicado a la coalición Cambiemos en su conjunto, restándole un sufragio. Los abogados suelen ufanarse en la sacralidad de un principio del derecho, que se atribuye a Ulpiano: pacta sunt servanda . Los pactos se firman para cumplirlos.Quedará para los actores de la coalición Cambiemos evaluar quién y por qué está incumpliendo algún acuerdo.Pero para la perspectiva del elector, Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió están violentando de antemano el contrato con sus votantes al llevar en sus boletas la candidatura de Luis Juez, para que en realidad voten a su suplente, Ernesto Martínez, un exdiputado nacional –reconocido por su trabajo– que en 2013 no pudo obtener la reelección.Si los contratos son leyes para las partes, el primer acto legislativo de los parlamentarios propuestos habrá sido desconocer su acuerdo inicial con los sufragantes. El autor de esta innovación que se inscribe en la saga escasamente virtuosa de las candidaturas virtuales o testimoniales (inaugurada en 2009 por Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa e imitada profusamente por el peronismo cordobés) es el senador Juez, ahora postulante a intendente (o concejal) de la ciudad de Córdoba.El daño que les ha provocado a las candidaturas de Macri, Sanz y Carrió es más que evidente. No habían pasado dos días del triunfo en Villa Allende cuando el jefe del Gobierno porteño tenía que estar explicando el estallido de su frente en Córdoba.¿Hubo indicios que permitieran presumir ese camino, reivindicado por su protagonista como una gesta épica de la coherencia política? Los hubo, muy recientes. Durante la última campaña provincial, que concluyó con la victoria de Juan Schiaretti, el máximo referente del Frente Cívico consiguió que le asignaran un rol en paridad de protagonismo con el candidato a gobernador, Oscar Aguad. Si no conduce hacia un triunfo, un jefe de campaña suele recibir tras el escrutinio retribuciones desagradables. La mariscalía de la derrota, por ejemplo.El mismo 5 de julio por la mañana, Luis Juez lanzó –preventivamente– la versión de su candidatura a intendente.Horas después, fue Oscar Aguad, en nombre del radicalismo, quien enfrentó en persona la caída.Hubo otros indicios, más lejanos. Juez ha tenido enamoramientos varios antes de su matrimonio con el PRO: Menem y De la Sota en la década de 1990. Kirchner y Alberto Fernández. Martín Sabbatella, Elisa Carrió y Hermes Binner en este siglo. Se subió al tren de Macri cuando este crecía en las encuestas. Bien que ahora ofrece la vida por Mauricio, la ardua coalición que Macri trabajó en Córdoba continúa explicando –a días de los comicios– cómo sacó el cuerpo el caballo de Troya.Todo, como ya es costumbre, presentado con baño de lágrimas, frente sudorosa, glosas de reconciliación histórica, disculpas de circunstancia, algún requiebro en la voz. Hubo también, más que señales, antecedentes. Olga Riutort podrá enseñar lecciones de tolerancia con el caballero de ahora, que antaño la menospreciaba con comparaciones más que indecorosas. Pero las explicaciones que Juez y Riutort adeudan por las acusaciones que se cruzaron, a medio camino entre la aeronáutica y la emisión de moneda, se las deben a la totalidad de los cordobeses. A menos que el engaño forme parte irrenunciable de una nueva moral política, mentir sobre hechos graves de corrupción no se absuelve tras un acto de contrición. Eso es tarea del confesor. Ante la comunidad política, hay responsabilidades mayores.El senador Juez ha justificado su viraje diciendo que la representación federal de Córdoba en el Senado no le interesó demasiado. Porque su sueño es llegar a la gobernación de la Provincia. Pero aceptó la candidatura a senador, cuando según sus mismos dichos ya negociaba con Riutort, y todavía sigue en la boleta.Ahora se postula para la intendencia de Córdoba. Para ilusión de sus vecinos, porque su sueño –salvo que también eso revierta– sigue siendo la gobernación.

