Temas del día:

Bonafini albergó a una serpiente como Schoklender

Aseguró que muchas madres se alejaron en rechazo al polémico administrador. Cree que la dirigente debería dejar por un tiempo la conducción.

12 de junio de 2011 a las 12:01 a. m.
DeniSe Audrito (corresponsalía)
Bonafini albergó a una serpiente como Schoklender

"Una mujer de los quilates de Hebe Bonafini, como militante y conductora, ¿cómo podía estar con este cachafaz de Sergio Schoklender? ¿Cómo la madre que luchaba por los derechos humanos pudo no haberse dado cuenta de lo que hacía este rufián?", se pregunta, dolida, Susana Dillon, escritora riocuartense y madre de Plaza de Mayo, vinculada con la Línea Fundadora de la agrupación. La Línea Fundadora es una división de las Madres de Plaza de Mayo. La ruptura se produjo en 1986, cuando un grupo de madres rechazó la conducción personalista que imponía Bonafini como líder. –¿Qué piensa ante las denuncias de corrupción en la Fundación Madres? –Siento un gran dolor, una gran desazón porque se desprestigia una obra como la que hicieron las madres en lo primeros tiempos, hasta arriesgando la vida. Yo las conozco a las madres desde la desaparición de Azucena Villaflor, la primera madre a la que se la llevó "el Angel" (Alfredo Astiz), asesinada junto a las monjas francesas. Me sumé por el coraje que tenían. Un día los militares no nos dejaban subir a las madres a la plaza de Mayo, estaban con toda la caballería y vi que Juanita Pargament, que era menudita, se metía por debajo de la panza del caballo. Y cuando llegó a la pirámide y todos le apuntaron, ella les gritó: "¡Fuego!, ¡tiren cajones!". Ahí pensé: "¡Estas son las mías!. Fuimos juntas a la casa de las madres, donde estaba Hebe. Ella, como todas las madres que querían ir a Europa a poner en conocimiento de los gobiernos de Francia, Italia, Portugal y España lo que pasaba, vendieron sus casas y se fueron a vivir con otras madres. Fueron épocas de una valentía, de un arrojo… Cuántas veces a Hebe le tiraron el Ford Falcon encima. Un día llegó toda embarrada porque se había metido en una alcantarilla. –¿Bonafini debería dar un paso? –Le vendría bien una temporada de reflexión y, posiblemente, no digo el retiro porque de esto uno no se retira más. Sería importante que se tomara un resuello, porque es una mujer que se ha excedido en la actividad. Y muchas veces, uno pierde el rumbo cuando se excita demasiado. No quiero hablar del Gobierno ni de lo que puede pasar, porque todavía estoy muy confundida y muy dolorida. Estamos en un año muy particular, electoral, y ahora, con semejante sacudón, tiemblan muchas cabezas acá. Mi deseo más entrañable es que sea la Justicia que diga la última palabra. Sería bueno que tomara esto un juez equidistante, severo, porque ya de acomodos estamos cansados. –¿Cómo veían ustedes a Schoklender? –Recuerdo el día en que ella entró en la plaza y él le empujaba la silla de ruedas. Había unas madres de Catamarca que le querían contar sus peripecias y el no las dejó. Hebe ya estaba muy cambiada. Una madre de Mar del Plata, que la sabía sacar de los problemas económicos dijo: esto termina acá. Y se fue. En la casa de las madres había dos habitaciones y muchas veces pedían alojamiento para los otros hijos no secuestrados, pero ella nunca lo permitió. Sin embargo, a Schoklender lo adoptó. El manejaba las computadoras y le hizo el cuento de que le iba a hacer el archivo. Se fue metiendo cada vez más. –¿Cómo es su relación con Bonafini? –Hace como 13 ó 14 años Hebe me pidió que formara Madres en Córdoba, pero yo le dije que no podía, por mi madre y por mi nieta. Se enojó, me sugirió que pusiera a la chica pupila y a mi mamá en un geriátrico. Otra vez me propuso hacerme cargo del diario y no acepté. Y me contó que se le había declarado la diabetes. Ahí empecé a ver mal a esta mujer, con arrebatos y ese vocabulario terrible. Mientras tanto Shocklender era el que mandaba y digitaba todo. Y muchas madres se fueron con un disgusto tremendo. Fue muy doloroso. –¿Bonafini es cómplice o fue engañada por Schoklender? –Ella les llevaba la comida a la cárcel, comía con ellos, llevaba mantel, vajilla, sabía contar que ellos nunca habían comido con sus padres en la mesa. Arriesgó. Era un aprendizaje para que fuera nuevamente hijo. Y le salió mal. Creo que le ha pasado como en la parábola de leñador en la Europa del Norte que rescata a una serpiente helada por la nieve y para calentarla la pone en su pecho, mientras sigue trabajando. Cuando vienen los otros leñadores lo encuentran muerto. A Hebe le pasa lo mismo, por albergar a una serpiente, mirá cómo se termina…