Atención, que salen las leyes más importantes
Diputados, legisladores y concejales tienen que exigir que recibamos algo por cada centavito que ponemos.
Llueven presupuestos por estos días. El nacional se discute en el Congreso. El provincial acaba de entrar a la Unicameral. Y Ramón Mestre se apresta a enviar su propuesta al Concejo Deliberante. Todos son claves. Por eso les dedicamos nuestro Primer Plano, en las páginas 3, 4 y 5, a los dos últimos. Del presupuesto nacional depende, sobre todo, el equilibrio macro del país. Los dislates fiscales de gobiernos sucesivos provocaron crisis brutales. Encima, en los interregnos de recuperación, provincias como Córdoba son, en términos netos, más contribuyentes de impuestos que destinatarias de gastos e inversiones. Del presupuesto provincial dependen –en cierta medida porque operan numerosas variables– la calidad de la enseñanza pública, la seguridad, la celeridad y la certeza de la Justicia, la salud pública, la cantidad de muertes en las rutas, las inundaciones que destruyen riqueza, el acceso al agua y a muchos servicios públicos.De la Municipalidad de Córdoba dependen la atención primaria de la salud en la ciudad, que funcionen los semáforos, que las calles sean transitables, que la basura se junte en condiciones ambientalmente razonables, que alguna vez los colectivos tengan alcance, regularidad y confiabilidad.Son miles y miles de millones de pesos que aportamos en impuestos en tanto ciudadanos nacionales, provinciales y urbanos.Sobre esas montañas de dinero se abalanzan experimentadas corporaciones que hace décadas viven de esas partidas y han acabado por creer que les pertenecen. Es más: los contribuyentes no somos muy conscientes de que ese dinero es nuestro. De que somos la patronal de los empleados públicos; el contratista de las empresas de obras y servicios.Para eso tenemos, se supone, eso dice la teoría, a nuestros representantes: diputados, legisladores provinciales, concejales. Ellos tienen que defender nuestro dinero y exigir que recibamos algo por cada centavito que ponemos. Ni uno menos.

