Apurate, José, y transformá tu sueldo público en renta
Desde el primer mandato de Cristina Fernández hasta 2014, la planta de personal se incrementó en 82.055 puestos netos. Una suba de 26 por ciento. Y no incluye a las empresas estatales.
Antes de que se enojen, aclaremos: esta nota no habla de cientos de miles de empleados públicos que cotidianamente ponen su esfuerzo y su inteligencia al servicio de la comunidad. Habla de otros casos. El del asesor de un legislador que, caído el mandato, pasa a planta permanente del Congreso nacional, aunque desarrolla luego sus actividades privadas en Córdoba. El de un militante que entró a Aerolíneas de secretario personal de un gerente y que, cuando cambie la bocha, será reemplazado por otro, "de confianza", mientras él será arrumbado en alguna oficina ignota de donde nunca sale nada. Cuanto mucho, tendrá que cumplir horario.Cada hegemonía política va dejando su capa en el Estado. Y, de esa forma, lo que se pagaba como salario (la retribución por un trabajo) se convierte en una renta: la retribución por la propiedad de un bien; en este caso, la propiedad de un puesto en el Estado.La renta no es poca. En el tercer trimestre del año pasado (último dato disponible), el sueldo neto promedio en el Estado nacional era de 12.284 pesos. Para ese entonces, esa suma equivalía casi a la renta de seis departamentos de un dormitorio en Nueva Córdoba. Es decir: cuando un político lotea puestos estatales está regalando seis departamentos.La renta es vitalicia: cuando el rentista se jubila, sigue cobrando. Un poco menos, como también sucedería con el inmueble que, con el tiempo y a diferencia del puesto público, necesita inversiones para no venirse a menos.De hecho, algunos demandan que el puesto sea hereditario, como los departamentos. En Epec o ciertas áreas de la Municipalidad de Córdoba, para muchos empleados es normal exigir que sus hijos cubran las vacantes que ellos generen al jubilarse.La propiedad del puesto está casi garantizada: no se puede despedir a nadie, a menos que se cometa un delito grave. La propiedad de un departamento tiene más garantías. Pero, a cambio, hay que pagar varios impuestos. Vamos que nos vamos Ahora, a poco más de un año de concluir su segundo mandato, Cristina Fernández acordó con la Unión de Personal Civil de la Nación el pase a planta permanente de 7.500 empleados transitorios, mucho más de media Municipalidad de Córdoba. Una capa. No se sabe cuántos son "rentistas". El Partido del Estado, que nunca deja la administración, es mezquino y retacea datos. Pero hubo muchas capas previas. Según las leyes de presupuesto, desde el primer mandato de Cristina Fernández hasta 2014, la planta de personal se incrementó en 82.055 puestos netos. Una suba de 26 por ciento. Y no incluye los inhallables datos de las flamantes joyas de la abuela, como Aerolíneas Argentinas, Aysa y las demás empresas estatales o controladas por el Estado. En otros niveles del Estado, pasan cosas parecidas. En la Provincia de Córdoba, desde que se iniciaron las gestiones de Unión por Córdoba con José Manuel de la Sota, en 1999, el personal creció 49 por ciento, mientras la población cordobesa aumentó 15 por ciento. El aliciente es que la Provincia, como todas las demás, presta los servicios públicos más masivos, básicos, geográficamente extendidos y directos: educación, niveles complejos de salud, justicia, seguridad. Pero los sistemas de ingreso distan de ser transparentes, al igual que bolsones como los de las agencias (Cultura, Deportes, etc.), que no tienen control presupuestario legislativo. Yo imprimo, vos ajustás Ayer, la Presidenta avanzó otro casillero, al sumar un ministerio, el de Cultura, al frente del cual estará Teresa Parodi. Nadie explicó la razón de esa reforma ni por qué un Estado que no logra proveer bienes públicos básicos –una moneda estable; juicios que no demoren 15 años en lograr una sentencia definitiva– duplicará la apuesta en esta área. Ese Estado, manejado así, es el que no logra financiarse, pese a los impuestos récord que cobra. Es el que consumió reservas, imprimió billetes, devaluó, alentó la inflación y subió la tasa de interés.Para quien comanda el Estado, es vital esquivar el ajuste –cuya necesidad él mismo provocó– en sus propias filas. Sean rentistas o no. Lejos de eso, con sus empleados, que no serán despedidos, ya se acordaron aumentos del 30 por ciento. Incluso se están loteando puestos vitalicios entre militantes. Es la base de poder.Todo el peso del ajuste está en otro lado. En las suspensiones, los despidos, los salarios demorados y el empleo "en negro" del sector privado.

