Algo ha fallado
La fragilidad late por cuenta propia. A septiembre del año pasado, la calificadora de riesgo Moody’s advirtió que la deuda de Epec equivalía a 10,2 veces el resultado puro de la empresa.
Hace tres años, el Estado provincial dio a luz dos procesos que se venían incubando desde 2006 en dos entes que han sido causa de esplendor y desgracia de todo gobierno: Epec y el Banco de Córdoba (Bancor).
En ambos casos, esos hechos fueron presentados como bisagras. Y vaya si lo fueron, aunque con un detalle: desataron consecuencias económicas y financieras diametralmente opuestas.
En Bancor, después de trajinar 15 años casi al margen de las exigencias del Banco Central, la gestión del entonces presidente Mario Cúneo logró el aval al plan de saneamiento que, en lo esencial, lo obligó a ganar plata y a reinvertirla.
Claro que quedan muchas cosas por mejorar, en particular en eficiencia, gastos improductivos y atención al cliente, entre otros aspectos. Pero el banco parece haber dejado atrás aquellos años infames de manejos discrecionales e incontrolada asistencia a cada gobierno de turno.
Casi en forma simultánea, Epec colocaba en el mercado un bono de 565 millones de dólares para financiar el pago de la nueva Central Pilar.
La operación fue la salida más rápida y elegante que se le encontró a una deuda corriente de 300 millones (también verdes) con el prestamista original de la obra: la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).
Quiso el destino que la estructuración de esa operación, que tuvo que ser resuelta casi con urgencia, cayera como brasa en manos de aquel directorio de Bancor que presidía Cúneo.
"No había demasiado margen. Era un desastre como venía gestado y se hizo lo que se pudo", argumentaría tiempo después un ejecutivo del banco cuyo trabajo fue clave para evitar el casi seguro default de Epec.
De aquella “autonomía energética” que proclamó el exgobernador Juan Schiaretti, la moderna central sometió a Epec a una bochornosa dependencia financiera que, por ahora, sólo puede afrontar con ayuda del Centro Cívico.
Al cierre de 2013, la empresa registró en sus movimientos un endeudamiento con el Gobierno provincial que ya superaba los 1.000 millones de pesos.
También hay factores externos, como las tarifas en generación, que han causado baches millonarios y que recién ahora empiezan a descongelarse. O los insólitos costos que produce un convenio colectivo cuestionado por todo gobierno, pero que nadie se atreve a tocar.
Pero la fragilidad late por cuenta propia. A septiembre del año pasado, la calificadora de riesgo Moody’s advirtió que la deuda de Epec equivalía a 10,2 veces el resultado puro de la empresa.
Semejante endeblez, además de magnificar las deficiencias por falta de obras de distribución y transporte, no ha hecho más que mostrar el sufrido devenir de las áreas que quedan al desnudo cada vez que la manta se mueve para tapar a otras.
Es cierto que, a diferencia del proceso que vivió Bancor, en el caso de Epec no hay una entidad rectora que le marque el camino para evitar desviaciones.
O, mejor dicho, esa es la tarea que debería haber cumplido todo gobierno. Está claro que algo ha fallado.

