Algo cambió en Córdoba, para ella y para todos
Cristina Fernández ganó sin el aparato oficial del peronismo. A Hermes Binner, no le aportó un juecismo golpeado por la derrota de la semana anterior. Y a Ricardo Alfonsín, la interna radical le sumó poco. Julio Perotti.
S e podrá decir que aquí tuvo un nivel de adhesión por debajo del promedio, pero el hecho es inapelable: por primera vez un Kirchner, esta vez Cristina, logró hacer pie en Córdoba y ganó. Así de simple, así de inquietante para las fuerzas políticas locales.Porque Cristina Fernández se quedó con el primer lugar en las internas abiertas desde afuera de cualquier estructura orgánica o histórica y sin referentes de peso en este distrito.También, porque lo logró apenas una semana después de que el candidato con el que rompió lanzas, José Manuel de la Sota, accediera por tercera vez a la Gobernación, con más del 40 por ciento de los votos.Vayamos por parte:Anoche, a medida que avanzaba el escrutinio en la provincia de Córdoba, la jefa del Estado consolidaba un triunfo en todo el territorio provincial, con más o menos diferencia al segundo, pero extendido.Ni siquiera se le acercaba el radicalismo, que ponía en juego las candidaturas a diputados nacionales y eso podría haber sido un viento de cola que favoreciese a Ricardo Alfonsín.Pero, ya se sabe, las internas partidarias se convierten en cuestiones secundarias cuando lo que la gente debe definir es el pasaporte a un premio mayor, como es una postulación presidencial.Y, de no ser porque el voto era obligatorio, la compulsa radical no hubiese merecido la atención ni del 20 por ciento de sus afiliados.Tal vez no podía esperarse demasiado del Frente Cívico y Social en su aporte al socialista Hermes Binner: los seguidores de Luis Juez salieron muy golpeados de la derrota que un domingo atrás sufrieron a manos de De la Sota, por un margen que nunca esperaron.Más allá de que la compañera de fórmula de Binner sea la senadora cordobesa Norma Morandini, los juecistas estuvieron demasiado ocupados en la campaña local y a la nacional apenas si le dedicaron una semana.La última presencia de Binner por estas tierras fue el domingo pasado, en un mal momento: debió acompañar a Juez en la aceptación de la derrota.Pero volvamos sobre la ganadora, Cristina, y su relación con el peronismo cordobés. Es historia conocida por qué la Presidenta no autorizó al partido a llevar su nombre en la boleta y, por ende, la dupla De la Sota-Schiaretti debió presentar una nómina de diputados nacionales huérfana de candidato presidencial.La resistencia de De la Sota a aceptar la injerencia K en las listas fue el punto de ruptura, que luego se profundizó con la declaración de prescindencia que hizo el peronismo: le daba lo mismo, anunciaron sus líderes, que los afiliados votaran por Cristina, por Eduardo Duhalde o por Alberto Rodríguez Saá.Rodríguez Saá merece un párrafo aparte: anoche lograba un 14 por ciento de los votos, una cifra similar a la que obtuvo en las elecciones de 2007, con fuerte preeminencia en el sur y el oeste de la provincia, pegadas a San Luis.Las relaciones entre los Kirchner y De la Sota nunca fueron buenas. Ya en 2007, cuando Cristina ganó la elección presidencial, el peronismo oficial de Córdoba se asumió como Frente para la Victoria y apenas si pudo lograr algo menos de un 24 por ciento de los votos para Cristina y sólo dos diputados nacionales.Frente a aquel resultado, hubo severos reproches a De la Sota, porque el kirchnerismo sospechó que mandó a votar a Alberto Rodríguez Saá, quien logró casi el 15 por ciento de los votos, en una elección que en Córdoba ganó Roberto Lavagna como abanderado del radicalismo.En cambio, en aquel mismo momento, excluyó de la bronca al gobernador Juan Schiaretti, quien en las dos semanas previas al 28 de octubre se puso al frente de la campaña: "Las encuestas señalaban 15 días antes que estaba cuarta. Nosotros pudimos trabajar 10 días y conseguir que ascienda a un segundo lugar", afirmó entonces Schiaretti.Como fuere, triunfante De la Sota, ganadora Cristina, nadie se atreve a asegurar que, de aquí a las elecciones de octubre no haya algún acercamiento. Salvo que ninguno de los dos lo considere necesario. De la Sota , porque entienda que ya triunfó y no habrá de necesitar mucho más que una relación institucional. Cristina , porque considere que los resultados de ayer en Córdoba le demuestren que, por fin, no necesite de nadie más que de ella misma para ganar. Interna abierta o "encuesta", como la definió De la Sota, algo cambió en Córdoba. En octubre se sabrá cuánto.

