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Alejar la política de la gente

El contrato que une a representados con representantes se había roto. Una serie de factores convergieron para una mejora de esa relación, que por cierto sigue estando lejos de encontrarse en términos ideales.

10 de agosto de 2014 a las 12:02 a. m.
Alejar la política de la gente

La recuperación de la política, en términos de un mayor involucramiento ciudadano en los asuntos públicos, ha sido señalada con insistencia como uno de los elementos distintos de esta etapa histórica argentina. El punto de partida para el análisis fue aquella hecatombe de 2001, en los días del descontento, la bronca, el rechazo y otras conductas ciudadanas que generaron una enorme crisis de representación.Alguien me tiene que representar, pero no puede ser ninguno de ellos, era una especie de síntesis del pensamiento colectivo, hace poco más de una década.El contrato que une a representados con representantes se había roto. Una serie de factores convergieron para una mejora de esa relación, que por cierto sigue estando lejos de encontrarse en términos ideales.Algunas conductas tomadas por los parlamentarios, que deberían ser los delegados más genuinos de la voluntad popular, han ido minando ese vínculo, ese trato, ese pacto que se rubrica con el voto por el cual un ciudadano entrega un mandato a un representante. Repasemos algunos fenómenos que aparecieron en los últimos tiempos en el Congreso de la Nación. Tránsfugas. El transfuguismo es ser elegido por una fuerza política y pasarse luego a otra. El caso más resonante fue el de Eduardo Lorenzo, "Borocotó", candidato por el macrismo que se pasó al kirchnerismo al asumir su banca en 2005. Hasta surgió el término "borocotización", para aludir a una conducta extendida en la política. Testimoniales. Son los candidatos que se postulan a un cargo que no ocuparán y ponen su nombre sólo como tracción de votos. Los comicios que perdió el kirchnerismo en 2009 tuvieron varios "testimoniales" en las boletas, como el gobernador bonaerense Daniel Scioli. Trampolín. Son dirigentes que se postulan a un puesto cuando en realidad tienen la vista en otro y usan la campaña y la nominación como trampolín para el cargo al que, en realidad, aspiran. Sobran ejemplos; sólo citar que los dos últimos intendentes de la ciudad de Córdoba usaron el trampolín del Congreso sin completar sus mandatos (Daniel Giacomino, diputado nacional en 2005 y candidato a intendente en 2007; Ramón Mestre, senador nacional en 2009 y candidato a intendente en 2011). En algunos casos, hay un blanqueo del dirigente de que usará una candidatura como trampolín. Desertor. Es la categoría inaugurada la semana que pasó por Carolina Scotto. Dejar un mandato a los pocos meses de asumir sin dar explicaciones contundentes y claras a propios ni a extraños. La decepción, el descontento, el malestar, el desengaño, la bronca, la irritación fueron algunos de los sentimientos expuestos en estos días, por diferentes vías, por miles de cordobeses que votaron por la lista que encabezó Scotto.La exrectora de la Universidad Nacional de Córdoba fue el foco central de la campaña del Frente para la Victoria, que apostó muchos recursos políticos y económicos para promocionar su figura.El crecimiento de votos del kirchnerismo entre las primarias y la general puede haber estado directamente ligado a la manera en que se presentó a su primera candidata.O sea, muchos cordobeses encontraron en Scotto a alguien que los representara y firmaron, voto de por medio, un contrato. Ese contrato comenzó a debilitarse desde el día después de la elección, cuando la dirigente no sólo no habló de Córdoba –como invitaba a hacerlo en su campaña– sino que tampoco lo hizo sobre ningún tema.El martes pasado, el contrato se hizo añicos.La violencia con la que se rompió no es un problema para el armado político del kirchnerismo, sino que es un episodio grave para la política en sí misma.En el mar de conjeturas que desató la falta de explicaciones de la exdiputada, flotó con insistencia una vinculada al manejo de los fondos de la campaña electoral. Esos dineros, en todos o casi todos los partidos, son siempre objeto de manejos poco claros.De ser real este supuesto, la destrucción de aquel contrato podría verse agravada, mientras resurgen con fuerza las conductas que alejan a la política de la gente.