Ahora van a querer empujarla de taco
Talleres aparece como un apetecible bocado político a partir de la masiva convocatoria y el recupero de una marca. Roberto Battaglino.
El fútbol sigue demostrando que genera una capacidad de movilización y adhesión a la que ninguna otra actividad puede siquiera acercarse, al menos por estos lados del mundo. La imagen desbordante del Talleres ascendido al Nacional B, como lo fue hace un par de años la de Belgrano volviendo a Primera A, constituye un fenómeno que sólo se explica desde lo inexplicable que son las pulsiones humanas.Es por eso que el fútbol, entre tantas cosas que genera, despierta cierta dosis de envidia. La política quisiera despertar esas pasiones, esa adhesión incondicional, esa capacidad de movilización.Por más forzado que parezca, bien se podrían superponer algunas fotos: la de antenoche con un estadio con más de 60 mil personas pagando entrada un día laborable (a los que sumaron miles que después salieron a las calles); las de los actos de la semana pasada en Córdoba del peronismo y el kirchnerismo, donde hubo que apelar a logística estatal y fondos públicos para reunir a unos centenares de adherentes.Por esas y otras millones de razones es que la política siempre ha visto al fútbol como un bocado más que apetecible. Por caso, hoy en Argentina, la transmisión de los partidos es el espacio propagandístico principal que tiene el Gobierno nacional, tanto para promocionar acciones como para instalar consignas partidarias del oficialismo o defenestrar a quienes no adhieren al modelo.Córdoba está recuperando el protagonismo de sus clubes más populares, después de haber sufrido un proceso de devastación de dirigentes fundidores. En estas épocas en las que el fútbol maneja unas sumas de dinero considerables, Talleres y Belgrano se instalan como marcas a ser tenidas en cuenta en el mundo de los negocios.El presidente de Belgrano, Armando Pérez, supo reconocerle a Talleres la antigüedad en esto de saber transformar la pasión como un producto en condiciones de mover millones. Haber podido salir de un lugar humillante les permite a los de barrio Jardín reinstalarse con fuerza en ese terreno.Y en esa combinación de masividad y recursos económicos, la dirigencia política segrega litros de saliva.Talleres enfrenta un proceso de normalización institucional, después de largos ocho años de quiebra, que desembocará en elecciones seguramente para esta época del año que viene. Pese a las negativas desde el Centro Cívico y el Palacio 6 de Julio, funcionarios próximos a José Manuel de la Sota y Ramón Mestre siguen con mucha atención los pasos previos a la recuperación del club por parte de los socios. Los aparatos partidarios se han hecho sentir en la sede albiazul de la Plaza San Martín durante la etapa de empadronamiento.Los seguidores de las elecciones en los clubes aseguran que el peso de los aparatos es decisivo para torcer el rumbo de una votación.Y así como los resultados deportivos favorables siempre son funcionales a los que gobiernan (los ejemplos abundan en el mundo), los gobernantes cordobeses parecen estar analizando dar un paso más: incidir en la conducción de los clubes.Así, el fútbol que es pasión descontrolada y con movimiento de mucho dinero puede tener en la política un hilo conductor para fines no necesariamente deportivos.También podría pensarse en otra foto, con un sentido más histórico. La de un Talleres que hace 30 años y pico tenía cinco jugadores en la Selección Nacional y hoy celebra alborozado haber podido salir de un torneo casi amateur . Y relacionar esa imagen con un protagonismo que perdió Córdoba en muchos sentidos en el escenario nacional.Mientras, más de uno quiere aprovechar esta situación para empujarla de taco, como Maximiliano Velasco antenoche.

