Adiós lombote: la zona sur despide a un íntimo
Ya nada será lo mismo. En estos momentos (la mañana del viernes 2 de agosto de 2013) una cuadrilla acaba de destruir uno de los lombotes viales más antiguos, clásicos, reconocidos y efectivos de los muchos que componen las calles de la ciudad de Córdoba.
Ya nada será lo mismo. En estos momentos (la mañana del viernes 2 de agosto de 2013) una cuadrilla acaba de destruir uno de los lombotes viales más antiguos, clásicos, reconocidos y efectivos de los muchos que componen las calles de la ciudad de Córdoba.
Los automovilistas del sur de la ciudad no me van a dejar mentir. Se trata del último lombote sobre la avenida Vélez Sársfield antes del cruce con la circunvalación, apenas uno pasa la sede de Canal 8 cuando va saliendo del centro.
Para muchos de nosotros, es una sensación agridulce. Los distraídos dejarán de contar con la ocasión ideal que proporcionaba el lombote para recordar a las madres de tantos intendentes cada vez que se lo tragaban. Los precavidos ya no podremos sentirnos superiores a otros conductores –descuidados o novatos en la zona– que avanzaban, los muy tontos, por los dos carriles de la izquierda (el de ida y el de vuelta), mientras nosotros, baqueanos, íbamos o volvíamos, despacito, por los dos carriles de la derecha, donde el lombote era un poco menos abrupto, para minimizar los daños.
Los más dolidos son los integrantes de la Asociación de Talleres Mecánicos Barriales de la Zona Sur, que están pensando en organizar una ceremonia para despedir a un amigo que, por su grosor, altura, ancho y persistencia les garantizó la destrucción de miles de trenes delanteros y, con eso, buena parte de sus ingresos.
A lo largo de mucho más de una década, el lombote de la Vélez Sársfield fue un testigo insobornable de la ineptitud y la desidia municipales y del notorio nivel de resignación con el que son capaces de convivir los vecinos del sur. Con temple de acero, estos mansos pagadores de tasas municipales no intentaron jamás constituirse en multitud enardecida para reducir a cenizas el Palacio Municipal o, al menos, el CPC de Villa El Libertador.
Adiós lombote. Ya era hora.

