Absoluta soledad en la toma de decisiones
Las dos últimas apariciones públicas de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dejaron la constatación de que maneja el poder en absoluta soledad. Carlos Paillet.
Las dos últimas apariciones públicas de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dejaron la constatación de que maneja el poder en absoluta soledad. Nadie creerá que se trata del destino que se precipitó porque ha sido abandonada por sus colaboradores. Por el contrario: a dos semanas de iniciar su segundo mandato, Cristina es la única pieza en el Gobierno que en un mismo escenario puede brindar y repasar la economía global con la crema del empresariado y zamarrear al jefe de la CGT, Hugo Moyano; y a las 48 horas, como lo hizo ayer, desparramar enérgicas críticas a los sindicalistas aeronáuticos, a los que acusó de fogonear "boicots encubiertos". ¿Nos son acaso temas que correspondería repasar en esos atriles a los ministros de Economía, Amado Boudou, y de Trabajo, Carlos Tomada? Ni en la gestión de su difunto esposo, caracterizada por la confianza sólo en una ínfima mesa de asesores y en la desconfianza sobre el resto, se ha dado una situación similar de personalismo y ausencias. "A no confundirse, yo decido por mandato popular", se paró ayer Cristina, mientras sus ministros se pavonean deshojando margaritas para ver quién seguirá en el gabinete y quien tendrá que dedicarse a otra cosa. Hasta dejó traslucir un cierto agotamiento que sorprendió en medio de su discurso vehemente.Con todo, se demuestra en sus palabras que la jefa del Estado tiene que tomar decisiones acordes con el fin de una época de bonanzas, y que venía postergando para no aguar la apabullante victoria en las urnas del 23 de octubre. Ya habló de hacer "sintonía fina" con el modelo económico y admitió por primera vez en público que llegó la hora de abordar temas pendientes, entre los que mencionó a la inflación. La Presidenta gobierna en soledad y su gabinete parece un decorado de utilería detrás de ella en cada acto.

