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A medida que aprende, Kicillof pierde ínfulas

Desde una cátedra de la Universidad de Buenos Aires todos los petroleros deben parecer mucho más malos de lo que deben parecer luego, cuando se los conoce. Adrián Simioni.

08 de enero de 2013 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
A medida que aprende, Kicillof pierde ínfulas

Tal vez eso explique, al menos en parte, el notorio giro de la política energética que, se supone, comanda el viceministro de Economía, Axel Kicillof, quien el 8 de agosto quedó a cargo, también, de la pomposa Comisión de Planificación y Coordinación Estratégica del Plan Nacional de Inversiones Hidrocarburíferas.

Por entonces, Kicillof todavía daba la impresión de que se iba a comer crudos a todos los petroleros y a sus socios.

La perspectiva de que Kicillof se convirtiera en un comisario soviético empezó con un blooper . Al estatizarse YPF, le hizo decir a la Presidenta que Repsol importaba arena, dando a entender algo oscuro, tal vez una simulación de importaciones. Después se enteraron de que la YPF estatal no sólo debió seguir importándola, sino que consumirá aun más si es que quiere explotar Vaca Muerta (son arenas especiales para inyección de pozos).

Después, desde la Comisión de Planificación y Etc. se ganó el mote de “Excel” Kicillof por la cantidad de información que pedía a las empresas, sospechando que detrás de los balances había miles de millones birlados al Estado o disimulaciones de ganancias superlativas que no justificaban el clamor de las petroleras para que se les permitiera facturar más, invocando el riesgo de que, si no, se acentuaría el colapso energético que bordeó la Argentina en 2012.

El activismo de la Comisión cesó cuando el presidente de la YPF estatal, Miguel Galuccio, dio a entender que eso le escupía el asado cada vez que él se reunía con alguna petrolera de primera línea para tratar de convencerla de que se asociara a YPF.

Después Kicillof se las agarró con el biodiésel. Subió la retención a niveles tales que las fábricas más chicas dejaron de producir. Hubo sucesivas marchas atrás, tratando de mantener el decoro, que terminaron en un sistema de retenciones móviles.

Mientras tanto, a los precios internos del combustible les quitaron el bozal. Los de YPF subieron aproximadamente 30 por ciento en el año.

Después vino un cambio radical. El precio del gas en boca de pozo que se reconoce a las gasíferas pasó de 3 dólares el millón de BTU a 7,5 dólares.

Ahora, viene la reducción a la mitad en las retenciones a las exportaciones de crudo no incremental o “viejo”.

El curso en Energía que viene tomando Kicillof no ha sido barato. Se ha perdido un año... ¡en hacer lo que pedía Repsol! Por suerte el curso también sirve para achicar las ínfulas.