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A la épica de la fábrica, el intento de sumar la épica del kirchnerismo

El ministro Agustín Rossi, ayer en Fadea. El titular de Defensa dijo estar conforme con la performance de la Fuerza Aérea Argentina en el control del Escudo Norte del país.

11 de octubre de 2013 a las 02:00 p. m.
A la épica de la fábrica, el intento de sumar la épica del kirchnerismo

En un país que en muchos aspectos de su vida política, económica y social mira más para atrás que para adelante, antes de hablar de la fábrica de aviones de Córdoba (ex Fábrica Militar, luego Lockheed Martin y ahora Fadea, entre tantos rebautismos que tuvo) corresponde la pertinente declaración de amor.

No por haberlo dicho hasta el hartazgo, está de más repetirlo: la fábrica es la paridera natural de la industria de Córdoba. Y, además, es una institución que en el inconsciente colectivo y cultural de esta provincia está mucho más allá de gobiernos, gremios e, incluso, de instituciones como la Fuerza Aérea.

Tiene un orgulloso pasado, algunas veces construido con eficiencia y otras sólo con voluntarismo, que ha permitido escribir páginas y páginas de historia. En más de una ocasión, la política y los políticos se colgaron de su épica para pedir el voto a un inconsciente colectivo que la identifica entre sus activos más queridos.Sin embargo, hace no menos de tres décadas, esa fábrica tan apreciada perdió el tren del destino para el cual fue concebida: la producción de aviones. Ayer, durante el descubrimiento de un mural en la presentación del Pampa III, su actual presidente, Raúl Argañaraz, erró el motivo de aquella desgracia. Como es costumbre en el kirchnerismo, la atribuyó a los endemoniados '90, cuando estuvo en manos de la compañía norteamericana Lock­heed Martin por designio del menemismo.

En rigor, la debacle comenzó mucho antes, participaron políticos, pero también varios hombres de uniforme con alitas de metal –algunos de los cuales todavía andan girando de visita por esas instalaciones– quienes le asestaron el golpe final con manejos equívocos, compras no esclarecidas y otras decisiones.

Lockheed, aunque parezca increíble, hizo cosas muy parecidas a las que hoy está realizando la administración del Estado. Lo dijo en su momento un kirchnerista reconocido, de Córdoba, cuando fue diputado nacional.

Palabras parecidas. Eduardo Accastello, actual intendente de Villa María, le pidió en 2007 a la Cámara Baja declarar su "beneplácito por la entrega a la Fuerza Aérea por parte de la empresa Lockheed (LMAASA) del primer avión Pampa AT-63 de serie, el cual se encuentra realizando los vuelos de pruebas correspondientes antes de incorporarse a la dotación de su unidad de destino".

"LMAASA modernizó el avión original IA63 al estándar AT63 ( advanced trainer ), que incorpora la más moderna aviónica y las últimas tecnologías de control de vuelo, y aumenta su capacidad bélica posicionándolo como un entrenador con capacidades de ataque ( atack trainer ). Esta versión será la fabricada y comercializada", indicaba Accastello.

Las mismas entusiastas y bien justificadas palabras podrían atribuírsele hoy a cualquier autoridad, cuando habla del presente y del Pampa III.

Fadea ha tomado aquel avión diseñado originalmente en 1979 y mejorado en 2000, le aplicó modernizaciones cuyo resultado se verá una vez que comience a volar en el primer trimestre de 2014 y promete cumplir un contrato para proveer de 40 máquinas a la Fuerza antes de que Cristina deje la Casa Rosada.

A este proceso, el kirchnerismo pretende impregnarle la épica de su propio relato y utilizar la fábrica como cabeza de playa en una Córdoba que nunca le rindió en términos electorales. De paso, ocurren cosas como la contratación discrecional de recursos humanos, la creación de un gremio nuevo, desplazando al que existía, y la imposición de una cultura desconocida para muchos de los que, dentro de los hangares, peinan canas.

Como pasó cuando la administraba la Fuerza Aérea (dicho sea de paso, pocos saben cuántos aviones tiene operativos) y luego Lockheed, el tiempo dejará ver si la inversión de los contribuyentes justificó los resultados o se trata de una frustración más.