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320 kilómetros para darle el último adiós

Aunque en apariencia todo parece ir recuperando su ritmo normal en la bella localidad de El Calafate, ya nada será igual después de la increíble jornada del miércoles pasado. Ángel Stival.

29 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Ángel Stival ([email protected] El Calafate, Santa Cruz)
320 kilómetros para darle el último adiós

Aunque en apariencia todo parece ir recuperando su ritmo normal en la bella localidad de El Calafate, ya nada será igual para sus 24 mil habitantes estables después de la increíble jornada del miércoles pasado. Es más, ayer, media ciudad que aquel día luminoso pero aciago deambuló por las calles en busca de un sitio colectivo donde elaborar el duelo y esperó hasta la noche con la esperanza de ver pasar el cadáver de uno de sus vecinos dilectos para un adiós de cuerpo presente, se trasladará hoy desde muy temprano a Río Gallegos para asistir a su sepelio.De hecho, la Municipalidad citó a la gente para hoy, a las 7, y organiza una flota de ómnibus para trasladar a los más humildes hacia la capital de Santa Cruz. Pero muchos vecinos formarán una verdadera caravana de autos desde muy temprano para cubrir los 320 kilómetros que los separan de Río Gallegos. Venerar el retrato. Ayer por la mañana, un solitario policía custodiaba el cuadro con la fotografía de Néstor Kirchner que presidió la misa oficiada por el padre Lito en la Parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús. Allí podían leerse los mensajes que la gente garabateó en forma improvisada en afiches para transmitir sus sentimientos hacia quien consideraban un vecino más: "Néstor, el hombre que cambió a la Argentina, Cristina estamos contigo"; Néstor gracias por todo, Calafate está con vos. fuerza Cristina". Por la tarde, el retrato fue trasladado a la Municipalidad y se convirtió en un pobre sustituto del féretro, frente al cual la gente se turnó para expresar su dolor. Mientras tanto, frente a la residencia Los Sauces, sólo quedaba una discreta custodia, muy pequeña comparada con la que aisló la casa de los Kirchner desde las primeras horas del miércoles. "Ayer, fue un día raro y mañana volverá a serlo", sostenía Carlos, mientras despachaba delicias dulces y saladas, desde las famosas mermeladas hasta latas de salmón ahumado o en escabeche.Las horas pasadas no alcanzan a disipar la sensación de estupor que parece dominar a los pobladores y el desconcierto de turistas, en su mayoría extranjeros, que todavía no logran dimensionar el suceso del que han sido inesperados testigos. Muchos de ellos fueron a sacarle fotos a la mítica residencia y trataban de entender qué pasaba en la ciudad que en estos días, tiene el alma a media asta, como lo están las numerosas banderas argentinas que aquí flamean.