18-F en Argentina y 19-F en Venezuela
En 48 horas, los gobiernos de Argentina y Venezuela enfrentaron movilizaciones opositoras de protesta que ambos consideran un intento de desestabilización.
En 48 horas, los gobiernos de Argentina y Venezuela enfrentaron movilizaciones opositoras de protesta que ambos consideran un intento de desestabilización. El miércoles 18 de febrero, o 18-F, tuvo lugar en Argentina la marcha convocada por un grupo de fiscales que pidió por el esclarecimiento de la muerte de uno de ellos, Alberto Nisman. Y, al día siguiente, 19-F, se realizó en Venezuela la marcha convocada por la oposición para pedir la libertad del líder opositor Leopoldo López al cumplirse un año de su detención. Para el Gobierno argentino se trata de la puesta en marcha de un "golpe blando" –al estilo de los que destituyeron a Zelaya en Honduras y a Lugo en Paraguay– que tiene al Poder Judicial como protagonista principal. Los presidentes de Ecuador, Bolivia y Venezuela han respaldado esta posición. Para el venezolano, la marcha del 19-F era un intento de golpe manipulado por Estados Unidos, que tendría una faz militar desbaratada y que tenía esta marcha como capítulo central. Según la interpretación de ambos gobiernos, está en marcha en la región una gran operación tendiente a desestabilizar a los gobiernos "populares", que alcanza también a los de Brasil y Chile, que a poco de iniciarse reciben fuertes críticas por denuncias de corrupción. La marcha en Argentina fue multitudinaria y pacífica. En Venezuela, en cambio, fue menos masiva, pero con enfrentamientos violentos. En el país, el oficialismo no sacó sus militantes a manifestar, consciente de que la opinión pública hoy está en su contra y domina las calles. En Venezuela, la marcha tuvo como antecedente la realizada el 12 de febrero, al cumplirse un año del inicio de las protestas en el estado de Táchira, donde tuvieron lugar enfrentamientos violentos con detenidos y heridos. En esa oportunidad se movilizó tanto la oposición como el oficialismo para enfrentarla. En enero, dos expresidentes sudamericanos –Piñera de Chile y Pastrana de Colombia– quisieron visitar al venezolano López en su prisión y el gobierno de Maduro no lo permitió. Desde entonces, las condiciones de detención de López se agravaron. El mismo 19 tuvo lugar un motín en la cárcel donde está detenido y se temió por su vida. En ese contexto, el gobierno venezolano autorizó a las Fuerzas Armadas a abrir fuego en la represión de manifestaciones opositoras. Pero la marcha venezolana fue interrumpida por la violenta detención del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, acusado por el gobierno de participar en el supuesto golpe. Esto interrumpió la marcha por Leopoldo López y pasó a constituirse en otra por el alcalde detenido. Venezuela y Argentina tienen cada vez más similitudes, aunque mantienen diferencias. Los dos tienen las economías en peor situación de América latina: la venezolana tuvo en 2014 más de 60 por ciento de inflación y una caída del PBI cercana al cuatro por ciento. En los dos países la falta de dólares ha generado el cierre de la economía y desabastecimiento de productos de primera necesidad, en Venezuela, y de insumos para la industria y otros sectores en Argentina. Los dos países han buscado y logrado alianzas económicas con China y estratégicas con Rusia. En ambos casos hay una política exterior contraria a los Estados Unidos. Maduro acusa directamente a esa potencia de impulsar un golpe en su país; en cambio, Cristina Kirchner insinúa que Estados Unidos e Israel están impulsando acciones de desestabilización en la Argentina. Los dos países han buscado una alianza con Irán.La diferencia está en que el kirchnerismo no ha logrado el control de la Justicia y los medios de comunicación, lo que sí ha conseguido el chavismo, y la violencia callejera que se ha desatado en el conflicto venezolano todavía no se ha registrado en el argentino. Los dos presidentes han visto caer su popularidad en las últimas semanas. Los dos gobiernos tienen una prueba electoral importante en 2015 (Venezuela, una legislativa en septiembre): las consecuencias de las dos movilizaciones influirán sobre los resultados. En el país, las primarias obligatorias de agosto pueden anticipar el resultado; el oficialismo tiene pocas posibilidades de ganar, con un año económico difícil e indicadores sociales que evolucionan negativamente, aunque no está claro todavía quién será el candidato opositor beneficiado. Pero el caso Nisman ha generado una crisis institucional y avanzan causas judiciales contra el oficialismo en diversos ámbitos. En Venezuela, las elecciones legislativas medirán el consenso del gobierno al promediar el mandato. Los sondeos muestran hoy que el gobierno puede perder. En conclusión, tanto el kirchnerismo como el chavismo enfrentan la posibilidad de una derrota electoral y tanto el 18-F como el 19-F pueden contribuir a ello, cuando en ambos países está en juego la institucionalidad, aunque en distinto grado.
*Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

