13 y medio
13 meses y medio no parecerían muchos para dejar que fluya el modelo, sin sobresaltos; pero también pueden ser demasiados a la hora de contener la inflación. Laura González.
Trece meses y medio es lo que le queda de gestión a Cristina Fernández de Kirchner. ¿Es mucho o es poco? Empresarios, directivos bancarios, analistas y economistas no se animaban, al menos hasta ayer, a usar ninguno de los dos adverbios. Sí coinciden en algo: lo económico no va a cambiar; las dudas se concentran en la política. Ergo, 13 meses y medio serían poco tiempo para garantizar el statu quo y confiar en que la lluvia, la soja y el viento de cola repliquen crecimientos superiores al ocho por ciento anual, como sucede desde 2003, con excepción de 2008 y 2009. También hay que admitirlo: 13 meses y medio serían demasiado tiempo para asegurar la perdurabilidad del modelo 2010, que combina alta emisión monetaria (25 por ciento más en el año), buena actividad económica y mucha inflación (de 22 a 27 por ciento, la real).La cuestión está en saber si será posible que en un año y pico la economía y la política marchen por carriles separados, sobre todo si la segunda no logra reconstruirse de una manera rápida y homogénea, luego de la partida de su líder.Pero podría suceder otra cosa, poco probable pero muy afín al kirchnerismo: que aun sin Kirchner, el modelo mute una vez más.No sería el primer cambio, aunque sea de matiz. La fórmula de 2003 hacía eje en salir del infierno y sacarse de encima al FMI y a los liberales de la década de 1990. Después hubo que consolidar el modelo productivo, para lo que se convocó a algunos de los liberales reconvertidos de los '90.Pero no fue fácil garantizar la soberanía en la mesa de los argentinos, por lo que el Estado tuvo que salir a subsidiar mucho de lo que consumimos y usamos todos los días, como el colectivo, el pan, el pollo, los pasajes aéreos, el calefactor y la energía.Así, el "vivir con lo nuestro" cuesta unos 50 mil millones de pesos en subsidios, lo que incluye algunos barcos de gasoil que se traen de Venezuela, porque el nuestro no alcanzó. En 2010 se expulsó a los liberales industriales que se habían congraciado con el modelo y se los amenazó con la obligación de repartir una parte de sus ganancias con los trabajadores.De todos modos, el eje vertebral del modelo siguió siendo el mismo: un fortísimo rol del Estado, con manejo discrecional de la caja pública al punto de subordinar a gobernadores e intendentes, y un consumo interno bien caliente, a la espera de que aparezcan las inversiones productivas. El resultado fue indiscutible: crecimiento tan eufórico, con impacto en el empleo, que fue capaz de disimular todo lo demás, incluso la inflación.En 13 meses y medio no cambiarán los ejes centrales. Si hay sorpresas, es porque seguimos en plena era K. Si todo sigue igual, quizá se empiece a escribir el poskirchnerismo.

