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13 años después, recorrido inverso y dudas similares

En 2001, el fracaso del “nuevo sistema” de Kammerath gestó la Tamse. En 2014, el “nuevo sistema” de Mestre va en sentido contrario: supone el avance de los grandes jugadores del transporte sobre las empresas locales.

13 de abril de 2014 a las 01:34 p. m.
13 años después, recorrido inverso y dudas similares

El entonces intendente Germán Kammerath licitó en 2001 el transporte urbano. Algunas de las ganadoras de aquella licitación ni siquiera llegaron a traer un solo colectivo a Córdoba y aquel "nuevo sistema" nunca pudo implementarse. Fue el gran fracaso que inauguró una cadena casi interminable de cosas que salieron mal en la ciudad de Córdoba. Como las grandes empresas que prometían una revolución en el transporte nunca vinieron y las que estaban quebraron casi todas, Kammerath terminó fundando Tamse con 70 colectivos alquilados. Trece años después, con la promesa de otro "nuevo sistema" y en medio de una implementación por momentos tan errática como aquella de 2001, la gestión de Ramón Mestre está en plena liquidación de Tamse y coloca el mapa empresarial en sentido inverso: muy lejos de la estatización, esta vez al relevo de la tradición empresarial cordobesa lo hacen dos grandes jugadores del transporte nacional. La correntina Ersa y Autobuses Santa Fe. En la cuerda floja Si no logra un acuerdo de último momento con un proveedor de unidades –al que le ofrece buena parte de las acciones que le quedan–, es muy probable que la empresa Ciudad de Córdoba sea caducada como prestataria del transporte urbano en un cuarto de la Capital. La empresa denunció que sufre "un operativo de pinzas" y que la quieren echar para que gane terreno Ersa, que ya se quedó con la mitad de la recolección de residuos a través de Lusa. Y es muy probable que las cosas terminen de ese modo. Pero lo concreto es que Ciudad de Córdoba no está cumpliendo sus obligaciones con los usuarios (no incorporó los colectivos necesarios, sus frecuencias son desastrosas y tuvo cuatro paros en 40 días), ni con el Estado (registra deudas con Afip), ni con sus proveedores (tiene más de 150 cheques rechazados y deudas importantes), ni con sus propios empleados (registró demoras en el pago de salarios y tampoco habría cumplido con la ART, la obra social ni la cuota sindical). Con tarifas rigurosamente actualizadas, millonarios subsidios nacionales, habituales "auxilios" del municipio, una concesión a 10 años en la segunda ciudad del país y un mercado cautivo desde hace más de cuatro décadas, es obvio que el derrumbe de esta tradicional empresa obedece, antes que nada, a sus propias decisiones. De hecho, en igual contexto, la cordobesa Coniferal exhibe un buen desempeño. En 2001, el fracasado intento de Kammerath terminó con la incautación de las unidades de Ciudad de Córdoba. Pero aquel golpe ya no justifica esta decadencia. El gremio de los choferes (UTA) denuncia el "vaciamiento" de la empresa. En las gateras La semana pasada, tras un sugestivo paro de 50 horas, el municipio aceleró el proceso hacia la caducidad de Ciudad de Córdoba. Y Ersa ya prepara las unidades para reemplazarla, operación que no supone gran esfuerzo para esa empresa que tiene la flota más grande del país y que se expande a gran velocidad en siete provincias y diferentes rubros vinculados al transporte. Esa es la diferencia sustancial entre 2001 y 2014: hoy hay interesados en transportar a los cordobeses, y tienen con qué hacerlo. Lo que inquieta son las similitudes. Como hace 13 años, el "nuevo sistema" aún no demostró ser mejor que el anterior y su implementación fue igual de traumática para los usuarios. Ambas licitaciones, además, revelaron falencias graves de inmediato: la gestión Kammerath "confió" en la solvencia de Montoto, y la gestión Mestre hizo lo mismo con Ciudad de Córdoba.