Tras la partida de Guillermo Moreno
Es uno de los pocos casos en que no se puede aplicar el dicho de que los funcionarios pasan, pero las instituciones siguen; aquí se borró hasta la institución.
Calificar como héroe o villano en estos tiempos depende del resultado de la percepción colectiva influida por la prensa y el sesgo ideológico de los diferentes grupos políticos. Cuando pasa el tiempo, esas influencias van perdiendo fuerza y prima en general la elaboración de un concepto propio para juzgar a los personajes públicos. En el caso específico de nuestro querido Guillermo Moreno, a la percepción de la gente no le alcanzó con las influencias de la prensa para modificar el concepto.En primer lugar, desde su debut, se mostró autoritario e irrespetuoso de los códigos. Con su actitud, ponía en evidencia el anhelo por demostrar a sus patrones ideológicos que él era el mejor ejecutor de sus disparatadas políticas. Sus intervenciones fueron cobrando cada vez mayor suceso, ya que logró infundir miedo en las reuniones en las que era el único orador y ridiculizaba a todo el mundo.Su fama de incorruptible e irreductible fue creciendo a tal punto que comenzó a ser útil tanto al Gobierno como a los empresarios: al Gobierno nacional, como fusible, y a los empresarios, como excusa para sus agachadas.Implementó medidas de una estupidez sin medida. El caso emblemático fue el trigo. Con la excusa de la defensa de la mesa de los argentinos, cuotificó las exportaciones y, pese a las advertencias de que se quedaría sin ese cereal a corto plazo, insistió hasta que finalmente ocurrió, y los pobres argentinos debieron pagar el trigo más caro del mundo. Otra consecuencia de esta política fue el aumento del área y la siembra continua de la "maldita soja".Un trofeo similar obtuvo con la producción de maíz: con la misma política, regresamos a producciones tan bajas que casi no cubren nuestras necesidades.Las anécdotas de sus desplantes y guarangadas abundan y la inconsistencia de sus opiniones fue atroz. Llegó a objetar los números presentados por los exportadores del complejo sojero diciendo que en su cuenta faltaban dos millones de toneladas. Cuando le dijeron que con esas hacían biodiésel, puso el grito en el cielo, exclamando que lo que interesaba era que paguen retenciones, sin importarle que fabricar biodiésel es dar mano de obra y agregar valor.
Errores
Cerrar la importación de insumos para las fábricas locales fue otro de sus dislates; si bien evitaba la salida de dólares, paralizaba a la industria.
Tan desastrosa fue su gestión que el Gobierno nacional reunificó la secretaría que Moreno comandaba para que nadie se acuerde. Es uno de los pocos casos en que no se puede aplicar el dicho de que los funcionarios pasan, pero las instituciones siguen; aquí se borró hasta la institución.
El tema de la carne vacuna es una copia exacta de lo ocurrido con el trigo: dejamos de ser el mayor exportador de carnes de Sudamérica para ceder los mejores mercados a nuestros hermanos paraguayos, brasileños y uruguayos.
Con todos estos blasones, se retiró el susodicho (formalmente, el 2 de diciembre) y, como premio al desempeño, le consiguieron un puestito en Italia. Es una vergüenza nacional, pero como a algunos les sirvió, hoy dicen que tan malo no fue.
Sobran las palabras para calificar al personaje. Todavía la prensa adicta insiste en su bravura, pero nuestro sector agropecuario siente el alivio de su ausencia. Fue tan dañina su gestión que no sabemos si atribuirla a la mala intención o a la incapacidad.

