Restricciones cambiarias y fuga de capitales
Resulta casi curioso y hasta ridículo que, en las manifestaciones de los opositores del Gobierno nacional, se reclame a viva voz la posibilidad de adquirir moneda extranjera.
En el transcurso del período 2001-2011, sin mayores dificultades ni trabas, los operadores en materia cambiaria “fugaron” un total de 80.700 millones de dólares y de esa forma lograron escapar a los controles que se realizan sobre el circuito financiero oficial. Por lo general, se supone que se trata de una instancia paralela por la que fluyen fondos de origen ilegal, aunque ello es parcialmente cierto. Es oportuno advertir que también receptan en considerable proporción ingresos no declarados, ya que la evasión en el Impuesto a las Ganancias en la Argentina asciende al 49,5 por ciento.
La particularidad más característica es la diversificada vía que suelen adoptar para que esa tan importante cifra se “diluya” sin dejar mayores rastros a los sabuesos de la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip), pues se usan cuentas cifradas en el exterior, colocaciones en bonos, acciones o títulos preferentemente anónimos, inversiones inmobiliarias
que figuran por menor importe respecto del pagado en realidad, cajas de seguridad o simplemente guardándolos “en el colchón”.
Durante 2011, la suma de esas transacciones llegaron a un nivel máximo de 20.400 millones de dólares y la tendencia futura aparecía en ascenso. Ello movilizó una acción encaminada a preservar la capacidad de pago para afrontar las importaciones, los compromisos derivados de la deuda externa y hasta una moderada asignación orientada a atender los requerimientos básicos de los que viajan al extranjero.
Implementación y resultados. Ese nuevo esquema comenzó a diseñarse en octubre de 2011 y se completó en febrero del año siguiente, con lo cual esperaban suturar la virtual sangría a la que hasta ese momento había estado sometida la economía argentina.
No obstante, según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en 2012 sólo habían logrado atemperarla en alguna medida pero no consiguieron anular esa modalidad que parece acompañar a una franja de la población que ha vuelto a hacer gala de una gran “creatividad” para mantener, sin interrupción alguna, el ya habitual flujo de “fondos negros” que data de no menos de tres décadas.
El 21 del mes anterior, dicho organismo hizo saber que las nuevas normas hicieron descender a mil millones de dólares mensuales la “fuga”, lo cual implica que a la cifra preexistente deben agregarse 12 mil millones de dólares más, con los que durante este siglo se llegaría “por lo menos” a 92.700 millones de dólares. En consecuencia, el cálculo más restrictivo estaría revelando que desde 1983 a fin de 2012 tales conceptos han crecido hasta totalizar 170.700 millones de dólares.
Si bien este importe acumulado constituye una suma muy respetable –equivalente al 41 por ciento del producto interno bruto (PIB)– muchos analistas, corroborados por la entidad especializada estadounidense
Tax Justice Network, se muestran muy escépticos para aceptarla como real y estiman que, en realidad, treparía a no menos de 400 mil millones diseminados en alrededor de 100 países de los cinco continentes.
En el mundo operan, adoptando magnitudes y áreas muy diversas, nada menos que 82 “paraísos fiscales”; sin embargo son muchos más los gobernantes que, para atraer fondos provenientes del exterior, los liberan de todo tipo de gravámenes.
Conocida la cruda realidad de lo acontecido en 2012, en buena medida frustra las expectativas oficiales, pues pese a la vigencia de restricciones y controles que se creyeron eficaces –pero no lo han sido tanto–, el aún persistente drenaje de divisas, si bien menor al récord de 2011, siguió siendo todavía muy importante y exige su revisión para detectar las formas “creativas” con que se han logrado burlar aquellas trabas. Resulta casi curioso y hasta ridículo que, en las manifestaciones de los opositores del Gobierno nacional, se reclame a viva voz, entre las mayores reivindicaciones, la posibilidad de adquirir moneda extranjera sin limitaciones de ninguna especie.
Los datos sobre el número de viajeros e importes gastados en el exterior en el transcurso de 2012 –ya en plena aplicación de las objetadas reglamentaciones– revelan que no ha sido obstáculo para que se haya superado, en ambos aspectos, todo lo conocido hasta 2011 inclusive. Para descalificar la referida acción del Gobierno, los sectores más críticos inventaron el término “cepo”, con el cual identifican los controles y restricciones que dicen “sufrir” injustamente, pese a que las cifras informadas por el propio Banco Central demuestran de modo fehaciente que no han sido todo lo eficaces que se presumía.
El diccionario aporta una serie de significados que corresponden a la precitada palabra, pero de todos ellos se ha hecho expresa referencia al que lo define como un “instrumento de tortura hecho de dos maderos que se ajustaban para sujetar presos”, cuyo uso hace mucho se ha desterrado.
Lo paradójico es que, salvo durante breves períodos (septiembre de 1955-diciembre de 1958 y julio de 1966-diciembre de 1969), desde 1931 en adelante siempre hubo controles y restricciones de diversa magnitud, pues Argentina depende del volumen y valor de sus exportaciones para disponer de medios de pago sobre el exterior.
La existencia y constante suba del llamado “dólar blue “ –el paralelo que manejan ciertos operadores muy inescrupulosos– no es algo accidental o generado por las circunstancias, sino parte de una acción concertada para precipitar una macrodevaluación.
Testimonio de ello es el informe elevado al Consejo de las Américas en Nueva York por parte de los funcionarios técnicos de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (Fiel), que lo anuncian como algo de fatal vigencia y sobre lo cual “siempre es conveniente prevenir que esas cosas pasen. No es lo mismo actuar para intentar evitar el problema, que actuar luego de tener el problema”.
Esta nada inocente decisión pretende precipitar los hechos y no es la primera vez que lo intentan; ya es algo habitual que procedan de la misma forma que el búho, signado como símbolo de
mal agüero en nuestro Martín Fierro.
No debe olvidarse que una macrodevaluación siempre genera una fuerte transferencia de riqueza e ingresos hacia los sectores de la cúspide en desmedro de los asalariados, otros sectores de rentas que se caracterizan por su difícil ajuste, los fondos líquidos y los créditos no automáticamente ajustables. Y en eso están...
*Profesor de posgrado en Ciencias Económicas de la UNC

