Quiénes y cuándo
Según los judíos ortodoxos, el Antiguo Testamento debe leerse balanceando el cuerpo, siguiendo la cadencia de las frases. Una fulminante carrera hacia la nada. Pibe, teneme el camello. Daniel Salzano.
Según los judíos ortodoxos, el Antiguo Testamento debe leerse balanceando el cuerpo, siguiendo la cadencia de las frases
Somos las películas que vemos / afirmaba Francois Truffaut / que en paz descanse / parafraseando al poeta norteamericano Carl Sandburg / para quien los hombres no eran otra cosa que los libros que leían. No hay muchos poemas de Sandburg traducidos / pero basta con leerlos / para advertir que se trata de uno de esos poetas que escribían suavemente / marcando el compás con los zapatos / y los zapatos hundidos en el agua / "Oh niño no seas requetefeliz / porque cuando te conviertas en un hombre / lo pagarás con la requetetristeza".Caballeros: / somos los libros que leemos.Lo que Sandburg quería decir es que si en tu infancia leíste a Julio Verne / no vas a convertirte necesariamente en astronauta / pero se te pondrá la piel de gallina / cada vez que veas volar un avión con destino a Pajas Blancas.Lo que Sandburg quería decir es que si leíste los libros de María Elena Walsh / no tendrás obligatoriamente que vivir en Pehuajó / pero cada vez que llueva levantarás la cara hacia el cielo / y abrirás la boca para que te llueva adentro.Lo que Sandburg quería decir es que si leíste a Pablo Neruda / lo más probable es que cuando entres a una peluquería / y veas las revistas apiladas encima de una mesita / una estampita de San Roque mordida entre el espejo y la pared / y los brazos caídos de un sobretodo en el perchero / lo más probable / decía / es que sientas unas ganas terribles de gritar / porque estás atravesando el río de la vida.¿Has leído El cazador oculto ? / entonces cuando llegues a viejo / tendrás 16 años todavía.Pero si en toda tu vida no has leído nada más que un libro / entonces nunca serás los libros que leíste / sino todos los que te faltan por leer.Según los judíos ortodoxos / el Antiguo Testamento debe leerse balanceando el cuerpo / siguiendo la cadencia de las frases.Según Henry Miller / donde mejor se lee es en el baño / con la puerta cerrada / con dos vueltas de llave.Lord Byron decía que había que leer / sobre las rocas / desnudo / con el sol de frente / y al costado / una botella helada de Chianti.En Córdoba hay muchos lugares para leer / el último banco de la iglesia San Francisco / la pizzería San Luis / el Cineclub Municipal / y la biblioteca Vélez Sársfield / a mí lo que más me gusta es ver los libros en las estanterías / el corazón me late / exigido / me duelen los ojos / en lugar de leerlos / los comería.A veces imagino quedarme solo / en la biblioteca de la Universidad / con los libros quietos / alertas / mirándonos fijamente / como hacían Gary Cooper y Burt Lancaster al final de Veracruz / a ver quién desenfunda primero.Bukowski decía que leer era tan bueno como una tostada con la manteca derretida.El cierre es para David Goodis, autor de Disparen sobre el pianista : "¿Es la literatura un arte? ¡Y eso a quién puede importarle!"
Una fulminante carrera hacia la nada
Las cosas son así: / cada vez que me levanto / hay algo que ha dejado de importarme.
Un día / por ejemplo / me dejaron de importar las estampillas: / tenía la de Eva Perón saludando desde los balcones de Chanel / tenía la clandestina que circuló después del Cordobazo / y la serie de todos los planetas / cómo me importaría la filatelia que de noche negociaba con los santos para conseguir la estampilla roja de Moscú / precio estimado: medio millón de dólares / los santos me escuchaban y huían espantados / bueno / una mañana / al levantarme / advertí que la filatelia ya no me importaba / cada cosa que te deja de interesar / es un paso que das hacia la nada.
Otro día me dejó de interesar la actriz Juliette Binoche / tan hermosa como una bala de plata / la Binoche se había apoderado de mi cuerpo y de mi vida / cada vez que la encontraba en una foto / la pegaba en la pared del dormitorio / soñaba que le olía los párpados / que la veía caminar como el péndulo de un reloj / le mandé a pedir dos pelos del pubis a vuelta de correo / me los hubiera comido / me los hubiera inyectado en la línea de las cejas / cada vez que estrenaban una película suya me sentaba en la primera fila para ver cómo se metía en la camita / pero un día dejó de interesarme / semanas después recibí una carta suya / con los dos pelos a vuelta de correo / demasiado tarde / fui a la peluquería de los Hermanos Ber / abrí el sobre y los dejé caer en el piso.
¿Y la poesía? / La poesía no es que no me importara / es que me envenenaba / pregúntenles a los mozos del Sorocabana / y les dirán / ah, Salzano / sí / se sentaba en esa mesa / estoy seguro de que más de uno me vio escribir doblado como un billete de lotería a través de la vidriera / pero un día la poesía dejó de importarme: / mi hijo me preguntaba ¿quién fue García Lorca? / Yo le respondía / una mariposa / ¿y Walt Whitman? / un cazador de mariposas.
Nunca creí que perdería mi interés por los caballos / sin embargo sucedió / y no estoy hablando de interés sino de una pasión devoradora / con decirles que falsifiqué mi fecha de nacimiento para ser Caballo en el horóscopo chino / ¿Sabían que viven lentamente porque un día suyo equivale a siete de los nuestros? / Pero la semana pasada me levanté y los caballos habían desaparecido / fue como si me hubieran retirado la venda de una pierna y debajo de la venda / no hubiera pierna / ni nada.
Espero / eso sí / que las mujeres nunca dejen de importarme / ni los ramitos de flores con que se pinchan la blusa / espero que los trenes nunca dejen de importarme / ni los amigos esparcidos como perdices tras la balacera de la vida / ni el llanto del pibe cuyo globo levanta vuelo entre las casas / son los únicos obstáculos que advierto / en mi fulminante carrera hacia la nada.
Pibe, teneme el camello
La semana que viene van a pasar los Reyes Magos y aunque ahora mismo siento un gran deseo de escribir sobre la mejor etapa de mi vida (cuando con unas tijeras Solingen de costura me escapaba para cortar el pasto que crecía entre las vías del Belgrano), antes voy a exponer una teoría que la mayoría de los hombres tarda mucho en descubrir y que, cuando lo hace, no la divulga porque: a) temen estar equivocados, b) odian hacer el ridículo o c) se acuerdan de la vida pero ya no saben dónde está.
Lo que quiero decir es que los Reyes Magos existen; los que no existen son los padres.
Esta frase te la debía desde hace muchos años, niño del ferrocarril, niño del Belgrano, capaz, con infinito cuidado, de probar con los dientes y los labios la calidad del pasto que les ibas a ofrecer a los camellos.
Los padres no existen; los Reyes continúan.
Y ahora, un minuto de silencio en homenaje al pibe que, instalado frente al mapa callejero de la ciudad, descubre, angustiado, que en Córdoba existen cientos de barrios y miles de manzanas, que cada manzana tiene cuatro lados y en cada lado viven uno, dos, tres, 12, 25 niños. Basta con una multiplicación de morondanga para obtener una cifra imposible de abarcar por tres monarcas viejos, lentos y cansados.¿Qué querían decir exactamente los hermanos Grimm cuando afirmaban que los Reyes Magos vivían a ocho fronteras de distancia?
Al amanecer, saltabas de la cama y el autito estaba ahí, el Mecano, el metegol, una botella de tinta invisible, un cilindro de plástico con pelotas de tenis y carritos con rulemanes.
Los camellos, por su parte, habían devorado hasta la última brizna del pasto ferrocarrilero y el agua, a veces soda, había desaparecido. ¿A quién había que besar?
Tan espléndida era mi vida, tan luminosa, que no sólo aspiraba a que los Reyes me cubrieran de regalos sino que, secretamente, ambicionaba con darles una mano. Todavía tengo esperanzas de poder hacerlo.
Lo que quiero decir es que me hubiera vuelto loco de felicidad si, en medio de la noche, me hubieran pedido que les aguantara los camellos mientras ellos hacían el reparto.
–Pibe, teneme las riendas.
–Pibe, ¿dónde queda la calle Suipacha?
–Pibe, ¿te podés fijar si dejaron abierta la ventana los hijos del sodero?
Las cartas dirigidas a los Reyes se redactaban el 1º de diciembre, se despachaban al día siguiente y si no gastabas medio frasco de tinta para escribirlas, es que no habías pensado lo suficiente. Señores Reyes Magos. Dirección: El cielo. ¡El cielo!
Muchos años después me tocó entrar un mediodía al depósito del Correo Central, por la calle Santa Rosa, y vi cómo, desde los buzones instalados en la planta principal, las cartas caían como copos de nieve en dirección a unos enormes cestos de mimbre. Todo aquel espacio poblado por sobres que antes de caer planeaban, subían, bajaban y desaparecían. Dos de cada tres sobres, imaginé, iban dirigidos a los Reyes Magos.
Los Reyes existen. Los que dejamos de existir somos nosotros.
Oh, cómo te extraño, niño ferrocarrilero, buscando explicaciones en el diccionario acerca de camello, la palabra sacrosanta: “Mamífero de gran porte, provisto de dos gibas dorsales y una belleza pesada y silenciosa. Son capaces de pasar hasta 100 horas sin beber”.
Trascendido I: justamente ahí, entre las gibas dorsales, concentrados, se sientan los monarcas.
Trascendido II: si se vacía el contenido de una bolsita de azúcar en la palma de la mano, los camellos la lamen con su espesa lengua de franela.
Trascendido III: los camellos no sueñan, porque duermen con los ojos abiertos.
Melgar, Balsar y Pastachor.
A mi mamá le trajeron un Winco color té con leche cuya púa nunca se gastaba. Lo primero que hicimos fue rodearlo como si fuera un bebé.Aquel cuadrado mágico de industria argentina se convirtió en la estrella mayor de la jornada. Señoras y señores, con todos ustedes, la prodigiosa voz de Libertad Lamarque: “Cuando de ti me despido / en vez de decirte adiós / a Dios que vuelvas / le pido”.
El papá del papá de mi papá murió en 1879.
El papá de mi papá, en 1924.
Y el mío, en 1991.
Son los padres los que dejan de existir. Es su manera de colaborar para que los Reyes sigan vivos.

