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¿Qué nos está ocurriendo como país?

Podemos decir que una minoría, como máximo un tercio de nuestra población, estaría determinando el futuro de todo un país de 47 millones de habitantes, algo inconcebible.

07 de julio de 2022 a las 12:01 p. m.
Aldo Michelli
¿Qué nos está ocurriendo como país?
Movimientos sociales

El problema mayor de Argentina, que causa tanto estancamiento y destrucción, es la gran inseguridad jurídica y económica. A su vez, esta es causante de la enorme falta de confianza, lo que también provoca la mezquindad en las inversiones y, por ende, una caída de los puestos de trabajo formales y de los ingresos; en definitiva: decadencia.

Todo provocado por unas políticas populistas que intentan congraciarse con la inmensa mayoría de pobres y de indigentes que el mismo régimen va creando.

No podemos echarles la culpa de todo este deterioro a los individuos (que no son tantos) aferrados a la política, que están al menos equivocados. Personajes como estos existen en todo el mundo; quienes más, quienes menos.

El problema de fondo reside en la cantidad de gente que los apoya, que les hace posible su poder y su enriquecimiento personal y sectorial. Esta gente se conforma con dádivas que, en definitiva, jamás los sacarán de pobres. Eso realmente no se entiende, máxime si se tiene presente que la tecnología permite hoy mantenerse en contacto con la realidad social y política: todos poseen un aparato de radio o de televisión, y hay más celulares que la cantidad de habitantes; todos elementos de información.

Eso significa que se puede conocer fácilmente casi todos los actos de gobierno. ¿Cómo es posible que tantas personas no se den cuenta de que con esas “ayudas” no van a salir de pobres o de indigentes nunca? ¿Cómo es posible que se conformen con subsistir, cuando existen muchas oportunidades para que con una educación y un empleo puedan progresar en forma digna, como lo hicieron nuestros antepasados, que no sólo progresaron ellos, sino que también hicieron grande a nuestro país?

Si dijéramos que el tercio de la población que los apoya –y de la cual una buena parte recibe emolumentos sin trabajar– estuviera solucionando su posición económica y social de ahora y hacia el futuro, tendría alguna explicación. Pero sucede lo contrario.

Despertemos: no se consigue nada ético y duradero en la vida, de ahora y de siempre, sin sacrificios y dedicación, sin trabajar. Y estos atributos son los que, a su vez, proporcionan los sentimientos más valiosos que tenemos los seres humanos, que son el honor y la autoestima, para vivir en paz.

Podemos decir que una minoría, como máximo un tercio de nuestra población, estaría determinando el futuro de todo un país de 47 millones de habitantes, algo inconcebible. Esto demuestra una falta sistemática de cultura, propiciada por dirigentes mal intencionados.

Como complemento indispensable para el cambio o la transformación de Argentina, los dos tercios restantes de la población, no conformes con el derrotero seguido en las últimas décadas, deberían unirse sobre la base de no más de 10 premisas fundamentales, romper egoísmos personales o partidarios, y avanzar unidos, encolumnados detrás de figuras idóneas, honestas y que mejor califiquen en las preferencias de los votantes.

Aprendimos en la vida que cuando pretendemos solucionar un problema y no le encontramos la vuelta encarando por el mismo lado, es aconsejable y necesario intentarlo por otros caminos, por otros métodos.

¿No sería ya tiempo para hacer un cambio sustancial, intentando a través del trabajo, de la honestidad y sobre todo del amor a la Patria, para que gocemos de los bienes que Dios nos ha puesto a nuestro servicio en este hermoso país, sede hoy y mañana de nosotros, de nuestros hijos y de nuestros nietos, que se nos están yendo a otras latitudes?

* Contador; licenciado en Ciencias Económicas