Temas del día:

Odio y discriminación

a brutal ejecución de Najiba, una joven afgana de 22 años, conmocionó a la opinión pública internacional. Ricardo Trotti.

22 de julio de 2012 a las 12:01 a. m.
Ricardo Trotti ([email protected])
Odio y discriminación

La brutal ejecución de Najiba, una joven afgana de 22 años, conmocionó a la opinión pública internacional. Su esposo le disparó 13 tiros por la espalda después de que un juez tribal la condenara por adulterio, y su muerte provocó el repudio hacia las costumbres de ciertos grupos musulmanes que propician asesinatos enmascarados de justicia divina. Pero no sólo en Afganistán se cometen estos crímenes. En nuestra región, el odio y la discriminación se están propagando a niveles alarmantes, ya sea por cuestiones de género, raza, etnia u orientación sexual y religiosa.En República Dominicana fueron asesinadas más de 100 "Najiba" este año (casi 200 crímenes de mujeres por año desde 2005), por lo que 60 ONG exigieron ante el Congreso la semana pasada reformas penales para proteger a las mujeres y castigar a los violentos.En la última década, la violencia de género provocó un promedio de 2.500 asesinatos por año en México, producto de la violencia doméstica, trata de personas y de la esclavitud sexual, muchos de ellos cometidos cerca de pasos fronterizos con Estados Unidos. Estos crímenes, que también son comunes en Centroamérica a niveles pavorosos, permanecen impunes en la mayoría de los casos, ante la indiferencia de los estados para investigar y procesar a los culpables.La apatía de las autoridades es el patrón de conducta que encontró la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Ni la violencia sexual ni la impunidad reconocen fronteras, clases sociales o nivel de desarrollo de los países. En el momento que la CIDH reclamaba mayores esfuerzos para combatir estos fenómenos, el cortometraje La guerra invisible , del documentalista Kirby Dick, denunciaba la inmovilidad de la cúpula del ejército de Estados Unidos para detener las más de tres mil agresiones sexuales que se cometen cada año entre sus filas, entre casos de violaciones y acoso sexual. La experiencia chilena. Chile tomó el toro por las astas para combatir el odio y la impunidad. El presidente Sebastián Piñera promulgó el 12 de julio una ley que sanciona y aumenta las penas contra todo tipo de discriminación, además de aplicar multas y medidas de reparación para las víctimas. La ley, demorada en el Congreso por siete años, vio la luz después del asesinato en marzo de Daniel Zamudio, un joven que fue atacado por un grupo neonazi por su condición de homosexual. También en los últimos días, Piñera creó la figura del "defensor de los niños" para dar respuesta a las 21 mil denuncias de abuso sexual contra menores de 14 años en 2011 que, según el gobierno, aumentaron un 22 por ciento en lo que va de 2012.La discriminación no transluce sólo en el orden sexual. En la semana que pasó, el banco estadounidense Wells Fargo acordó pagar 175 millones de dólares de reparación por discriminar a negros y latinos en el otorgamiento de préstamos, en violación de leyes sobre equidad crediticia. En Miami, por ejemplo, por un préstamo de 300 mil dólares, el banco cobraba tasas de interés más altas y un promedio de 2.538 dólares más a un latino que a un blanco con la misma solvencia crediticia, lo que un juez consideró como un caso de "impuesto racial adicional".En momentos que los contenidos xenófobos, antisemitas, raciales o de género se extienden por las aulas, estadios de fútbol y redes sociales, no sólo hacen falta enérgicas leyes como la chilena o la que buscan los dominicanos para reprimir y disuadir a los violentos. Para combatir la violencia que generan el odio y la discriminación también es necesario poner énfasis en la educación. Las leyes, las denuncias y las campañas ayudan, sin dudas, pero cambiar el ADN cultural de las generaciones futuras y comenzar a crear una nueva mentalidad basada en la tolerancia y el respeto por la diversidad sólo será posible si se instrumenta una buena educación desde la escuela primaria.