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Necesitamos humildad y conciencia social

No será fácil persuadirlo de que debe esperar un tiempo muy prolongado para reencontrarse con servicios ajustados a sus necesidades. 

15 de enero de 2014 a las 01:00 p. m.
Luis A. Esterlizi*
Necesitamos humildad y conciencia social

Volviendo apenas unos años atrás, es posible que recordemos que en los años '90, en pleno auge de la corriente privatista, operaba una ONG denominada Conciencia, uno de cuyos spots televisivos mostraba a un anciano que con paso cansino llevaba un balde en la mano; cuando el hombre lo ponía debajo de una canilla y la abría, no salía una gota de agua. En otro, un señor pretendía afeitarse y cuando lo intentaba, se apagaba la luz. Y en un tercero, una señora quería encender una hornalla de su cocina pero no salía gas. Así se mostraba la deficiencia de los servicios públicos que por aquel entonces estaban casi todos en la órbita estatal. El mensaje proponía sumarnos a la oleada privatizadora, que garantizaría la eficiencia y calidad de los mismos. Esa ola siguió después con la red ferroviaria (previa destrucción de los tramos que no serían rentables), Aerolíneas Argentinas, Gas del Estado, Agua y Energía, YPF. Muchos de los más encumbrados políticos actuales aplaudieron dichas políticas, ya que detrás de ellas estaba la construcción especulativa de sus propios intereses. Así es como hoy estamos convencidos de que las privatizaciones no obedecieron a ninguna cuestión ideológica, sino que fueron enormes actos de corrupción y degradación institucional.

La vuelta del péndulo

En los últimos años, muchos de los mismos personajes de aquel entonces dieron vuelta de hoja a sus actuaciones anteriores y, como el péndulo que vuelve, promovieron la versión estatista, ya que los servicios en manos de los privados comenzaron a mostrar las huellas de los grandes negociados, siendo uno de los más destacables lo que ocurrió con YPF.

Vaya casualidad, justamente en los últimos años los que gobernaron fueron socios consecuentes de la empresa Repsol, hasta que se agotó la reserva en los pozos habilitados, comenzaron a surgir los problemas de abastecimiento y el negocio dejó de ser negocio, ya que no había tiempo ni interés para hacer las inversiones que nunca se hicieron y la demanda debió ser cubierta con importaciones.

Hoy no sólo escasea el combustible, sino que también hay problemas con el gas, la electricidad, el agua potable, la infraestructura vial, los trenes.

Y como casi nadie gobernó con visión estratégica y vocación de servicio, desgraciadamente estamos cosechando las graves consecuencias de tales despropósitos.

La sociedad exige soluciones definitivas.

Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que los problemas son estructurales, por lo que merecen soluciones de fondo. En segundo lugar, la paciencia del pueblo se agotó y no será fácil persuadirlo de que debe esperar un tiempo muy prolongado para reencontrarse con servicios ajustados a sus necesidades.

Pasamos un 2013 desbordado por pasiones incontrolables y, como un dique que se ha roto, los sectores perjudicados por la desidia y la corrupción han superado las barreras de contención y avanzan con pretensiones casi innegociables. Sumado a ello, debemos agregar la degradación de muchas instituciones que han terminado por encerrarse en la promoción de sus propios intereses.

Nadie habla de compartir responsabilidades a la hora de establecer un plan de contingencia y, más que eso, un proyecto estratégico.

A esta altura de los acontecimientos y en prevención por lo que aún pudiera ocurrir, me parece más que oportuno expresar que ha llegado la hora de recomponer el principio de autoridad.

Esto implica recuperar la humildad y la conciencia social para trascender por encima de designios personales, de banderías partidarias o de la defensa a ultranza de intereses sectoriales.

El propósito general debe ser el de responsabilizarnos entre todos para enderezar el rumbo decadente de esta realidad, pensando que nadie jamás podrá realizarse en una sociedad que no se realice.

De no abocarnos a esta tarea con la premura, amplitud de espíritu y seriedad consecuentes con la gravedad de los hechos que conmueven a nuestra comunidad, horas aciagas volverán a sacudir nuestra existencia. Se debe frenar la nefasta intención de aquellos que quieren la anarquía y la descomposición social socavando toda posibilidad de establecer un marco de coincidencias fundamentales que nos permitan trabajar mancomunados al servicio del país y de nuestra 
sociedad.

*Vicepresidente 2° del Foro Productivo de la Zona Norte