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Criptomonedas. Milei versus Milei y las tres opciones letales

Es una interesante paradoja que el traspié de Milei se haya producido nada más y nada menos que en el ecosistema donde juega de local: la red social X.

02 de marzo de 2025 a las 12:01 a. m.
Gustavo Di Palma
Milei versus Milei y las tres opciones letales
Javier Milei con Julian Peh, el fundador de KIP Protocol. (Imagen redes sociales)

“Fue Milei quien tumbó a Milei. La verdad, no fue mérito político de nadie. Se atacó a sí mismo con la motosierra”, estampó en la red social X el analista político mejicano Abraham Mendieta a propósito del escándalo protagonizado por el presidente argentino en los últimos días.

Aunque en realidad al líder libertario nadie le hizo la temida cuenta de 10 —al menos por ahor—, lo cierto es que el posteo de Mendieta explica de manera sintética y elocuente el origen del nuevo tembladeral político que vive la Argentina.

Hasta la noche del 14 de febrero, todo parecía sonreírle al Gobierno: la inflación en proceso de franca desaceleración; el dólar domesticado; la oposición aturdida y fragmentada; la desregulación y el recorte de gastos a paso firme, y la imagen de Milei acariciada por las encuestas y por buena parte del periodismo nacional. Pero cuando las cenas del Día de los Enamorados estaban a punto de servirse, el propio Presidente le provocó una horrible mancha a la alfombra de honor que parece transitar rumbo a las elecciones de medio término.

Es una interesante paradoja que el traspié de Milei se haya producido nada más y nada menos que en el ecosistema donde juega de local: la red social X. Justo en los dominios de su “amigo” Elon Musk, el libertario habilitó abruptamente la posibilidad de que los misiles de la crítica lo atraviesen como nunca antes a lo largo del último año.

Tres opciones letales

Para cuestionar al protagonista de la historia, los críticos encuentran tres posibilidades, todas ellas absolutamente letales para la imagen de Milei. Una alternativa, la más benévola pero igualmente dañina, es que el mandatario haya sido víctima del ardid de un conjunto de individuos surgidos desde los sótanos del mundo de las criptomonedas, con el fin de utilizar su fama para embaucar a inversionistas incautos.

De ser así, el país y el mundo estarían en presencia de un sabio de la economía que no es tan sabio como lo pintan y como el propio Milei alardea, habida cuenta de que un grupo de sujetos lograron timarlo con una maniobra a la que cualquier economista serio le hubiera puesto decenas de reparos antes de su ingenua “difusión” sin estar “interiorizado” y, según se supo luego, movido sólo por el “tecno-optimismo”.

Las cuestiones de dinero —lo debería saber un autoproclamado candidato al premio Nobel de Economía— son demasiado delicadas para actuar con improvisación desde la cúspide del poder, más cuando se disimula la improvisación con una pátina de convencimiento para entusiasmar a terceros, como en el caso del primer posteo presidencial del viernes fatídico para el libertario.

La segunda opción de los críticos es señalar a Milei como un comerciante de su palabra, es decir, un individuo que recibe dinero por hablar bien de un proyecto, sin importarle la calidad ni las consecuencias. Esta alternativa convierte al mandatario argentino en cómplice de una estafa sin atenuantes. En este caso, su participación necesaria para que la estafa pudiera concretarse no estaría justificada por la ingenuidad o el optimismo exacerbado, sino por el afán de lucrar con la fama.

Desde ya que un presidente no podría involucrarse, como lo hizo Milei, en el ofrecimiento a un público masivo de un emprendimiento privado con semejante grado de tecno-optimismo; al menos, eso establece la Ley de Ética Pública sancionada en 1999. Ese texto obliga a los funcionarios a priorizar el interés público sobre el privado y evitar utilizar su posición para beneficiar productos o empresas privadas.

La tercera alternativa que tienen los críticos, más grave aún, es llegar a la conclusión de que Milei es socio de los estafadores, con participación directa y a conciencia en todo el proceso de diseño y ejecución de la maniobra. En otros términos, más que partícipe necesario quedaría en el lugar de un engranaje más, y muy importante, de la banda de embaucadores.

La moneda con las tres alternativas está en el aire y podría caer en cualquier posición; el asunto está en pleno proceso y a medida que pasan los días surgen nuevos detalles escabrosos. Si la desesperación provoca que se rompa algún tipo de pacto entre las partes involucradas, los protagonistas podrían detonar un hongo atómico de consecuencias impredecibles para la vida institucional de Argentina.

Extraños y oscuros

En principio, es muy temprano para aventurar a ciencia cierta los efectos de este episodio en la opinión pública, al menos en su estado actual.

En la medida que el dólar no se descontrole demasiado y los parámetros económicos y sociales no empeoren más aún, quizá el impacto del criptogate no tenga la dimensión que algunos suponen en la mayor parte de la sociedad. En ese caso, Milei seguiría apareciendo como una hermosa morena de ojos color café o un espigado y fibroso galán de telenovela.

Como sea, un episodio de estas características ha contribuido a mostrar que, en cercanías del poder libertario, orbita un conjunto de individuos extraños y oscuros que hasta hoy permanecían fuera del radar de la mayoría de los medios. Alguna vez la gente debería preguntarse si quienes gobiernan son lo que realmente dicen ser.

* Politólogo y periodista