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Los nuevos mandamientos de la prensa

La SIP también tiene que diseñar todo pensando en el usuario y en cómo lo podemos involucrar. Hoy, dar la noticia es meramente el comienzo de una conversación.

18 de abril de 2016 a las 12:01 a. m.
Alberto Ibargüen*
Los nuevos mandamientos de la prensa

Me hice miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) hace más de dos décadas y me siento orgulloso de ella como defensora de los principios tan elocuentemente presentados en la Declaración de Chapultepec (http://bit.ly/1ksDuOw). La Declaración de Chapultepec no sólo fue una noble declaración de principios, hace más de 20 años, sino que es una declaración de la realidad americana de hoy: una realidad norteamericana, cen­troamericana, caribeña y suda­mericana.Tampoco es Chapultepec sólo un documento histórico. En cierto modo predijo el futuro que vivimos. Vale la pena referirse al documento que contempla una situación hemisférica que reconocerán. Declararon en 1994: "En el ejercicio democrático, varios logros suscitan el optimismo, pero también aconsejan la prudencia. La crisis de las instituciones, las desigualdades, el atraso, las frustraciones transformadas en intransigencia, la búsqueda de recetas fáciles, la incomprensión sobre el carácter del proceso democrático y las presiones sectoriales, son un peligro constante para el progreso alcanzado. Constituyen también obstáculos potenciales para seguir avanzando"."Por todo ello, es deber de quienes vivimos en este hemisferio, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, consolidar la vigencia de las libertades públicas y los derechos humanos". Ese análisis vale tanto hoy como entonces.Y continuaron: "Sin libertad, no puede haber verdadero orden, estabilidad y justicia. Y sin libertad de expresión no puede haber libertad. La libertad de expresión y de búsqueda, difusión y recepción de informaciones sólo podrá ser ejercida si existe libertad de prensa. (...) Prensa libre es sinónimo de expresión libre".Todavía nos inspira la Declaración de Chapultepec. Pero las circunstancias de la prensa cambiaron notablemente desde 1994. Aquella prensa libre, independiente y económicamente fuerte se encuentra agobiada. Y la SIP, organización temida por tiranos y ejemplo para el mundo entero, también ha sufrido con los años.En 1994, no se imaginaron –debo decir, no nos imaginamos– que dos tendencias fundamentales se convertirían en peligros mortales para el periodismo que defendíamos. La primera, que la tecnología que nos permitió ampliar la libre expresión sería la misma que pusiera en riesgo el negocio que era –y es– imprescindible requisito para sostener una prensa fuerte e independiente. Todavía no hemos sabido cómo utilizar esa tecnología para garantizar los derechos que nos animan. Tampoco se previó en 1994 que surgiera una nueva y diferente guerra contra el periodismo, el periodista y la libre expresión. Una guerra cuyos protagonistas no son gobiernos sino intereses comerciales, como los narcotraficantes, o ideológicos, como los terroristas. Para ellos, el objetivo no es silenciar a periodistas sino usar el asesinato de periodistas como arma en una guerra propagandística, utilizando medios y tecnología del momento para diseminar sus atrocidades sin necesidad de ningún Estado ni de la prensa.

Qué hacer

La realidad actual exige que sigamos tres mandamientos:

1. Continuar la lucha

a favor de la libre expresión. Si no continuamos dedicados a esa meta, no hay razón de ser como prensa, ni democracia.

2. Mantener a flote

el negocio hasta que evolucionemos a un modelo sostenible.

3. Mantenernos unidos,

razón por la cual organizaciones como la SIP merecen nuestro apoyo.

Cómo mantener a flote el negocio es el reto crucial de todo medio: cómo evolucionar el negocio a medida que cambia la tecnología y a medida que esta cambia el negocio y los hábitos y deseos de los clientes, lectores, radioescuchas, televidentes o usuarios de Internet.

Habría que estudiar el ejemplo de John S. Knight, fundador de la compañía norteamericana de periódicos Knight Ridder y de la fundación que dirijo. Desde el comienzo de su carrera, Knight fue fanático de la tecnología y la adoptó, a veces con éxito y otras con resultados desastrosos.

Por ejemplo, a principios del siglo 20 fue el uso de un avance tecnológico llamado “teléfono” lo que permitió a Knight comenzar su red de periódicos. Y en 1948, Knight ya hablaba de la posibilidad de distribuir periódicos por fax, décadas antes de que la mayoría de la gente supiera qué era un fax.

Por otra parte, su compañía perdió mucho dinero experimentando con Internet, cuando la Red sólo ofrecía texto, antes de que fuera posible distribuir voz, video, color y movilidad. Pero nunca dejó de experimentar. Knight veía la innovación no como un fin sino como un vehículo hacia lo nuevo, lo desconocido, y hacia el éxito.

Desde la fundación Knight, nos dedicamos a capacitar a periodistas y a experimentar para determinar qué medios, qué plataformas, qué aparatos usarán los ciudadanos, cómo los utilizarán y como valorarán la información, según la plataforma usada.

Nuestro objetivo es instruir a las nuevas generaciones de periodistas para que sean audaces y visionarios, para que sepan cómo manejar proyectos y concretar ideas. Y para que sean tenaces, porque el nuevo entorno no se resolverá a corto plazo.

Impunidad

Igual tienen que hacer asociaciones como la SIP. Aplicar los mismos mandamientos de la unión, la evolución del negocio y la fidelidad a los principios de la libre expresión.

La SIP también tiene que diseñar todo pensando en el usuario y en cómo lo podemos involucrar. Hoy, dar la noticia es meramente el comienzo de una conversación. El que no involucre a su usuario, sea permitiéndole comentar o facilitando el uso de la información en la forma que quiera el usuario, está perdiendo una oportunidad de ganar mercado; mercado comercial y mercado de ideas.

En una reunión de la SIP, no se puede hablar del valor de la unión sin recordar lo logrado con el proyecto contra la impunidad. Cuando empezamos esa labor, criminales gozaban de una total impunidad al asesinar a periodistas. Callaban nuestras voces y achicaban nuestras democracias.

Unidos, logramos en poco tiempo que más de un centenar de asesinos pagaran por sus crímenes.

Pero todavía asesinan a periodistas. Qué vergüenza y tragedia para todos nosotros que dentro de los 10 países más peligrosos para ser periodista se encuentren dos de los nuestros. Esto quiere decir que todavía hay mucho que hacer.

Extracto del discurso pronunciado por el autor al recibir, el pasado 10 de abril, el Gran Premio Chapultepec 2016 por su labor en defensa de la libertad de expresión.

*Presidente de la Fundación John and James Knight