Temas del día:

Latinoamérica como una idea

En pensadores como Manuel Ugarte y Abelardo Ramos resistió la idea de la unión de América latina.

05 de octubre de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Latinoamérica como una idea

"Bolívar y San Martín realizaron la unidad de la América latina, antes de formular la teoría de la unión". José María Torres Caicedo, escritor colombiano. Sí, fue así. La teníamos entre manos después de inundar los campos, los ríos y las montañas con nuestras sangres de negros, indios, mulatos, criollos, reunidos en una batalla que acaso no hubiera tenido sentido si no hubiese sido que el cielo que veíamos despuntar hacia todos los mares que nos dan nuestra gran orilla común, era el cielo americano.Los españoles nos habían arrasado, exterminado pueblos enteros por la tosca codicia del oro, pero habían dejado el poder de una lengua que empezó a hacerse idioma común entre la vastedad de las maneras de nombrar las cosas. Teníamos un inmenso hogar en el mundo, una cultura que se abría camino en una mixtura de la que hasta participaban los tambores africanos que los esclavos hicieron retumbar en todo el continente.Teníamos un futuro nuevo, que no se parecía a los pasados del mundo conocido.Pero las pequeñas elites regionales, en coincidencia de intereses con el imperialismo inglés y otros centros de poder, impulsaron la gran implosión. Y como no bastaba con alambrar fronteras caprichosas, había que grabarlo a fuego en las ideas, en la versión de la historia y de la cultura.Legiones de intelectuales trabajaron para afirmar la mirada europea de las cosas, la mirada dominante, mientras se degradaba lo que viniera de las entrañas americanas.El silencio, sin embargo, no nos clausuró la identidad, o, mejor, el destino. Y hubo que volver a verlo hurgando entre tanto relato intoxicado, hasta encontrar la tierra bajo el asfalto.Fueron necesarios luchadores del pensamiento, dispuestos a pagar el precio del rechazo de sus supuestos pares y de los bendecidores de las ideas. Como Manuel Ugarte, socialista que pasó de la literatura a exponer sus convicciones con contundencia. En 1910, escribió en El porvenir de América latina: "Las cosas más ínfimas, cuando las miramos de muy cerca, parecen superiores a las grandes. Un guijarro colocado a la altura de los ojos nos impide ver una montaña. Sólo libre del peso de sus engranajes accesorios logra ascender el hombre hasta las cúspides. Derribemos los muros inmediatos y resplandecerá la verdad. Nuestra patria superior es la América latina, nuestra nacionalidad final es el conjunto de hábitos, recuerdos y preferencias que arrancan de un origen común, obedecen a iguales concepciones y se articulan en el mismo idioma". Y más adelante: "Los fanatismos de provincia sólo son parodias de un sentimiento más alto. La patria no depende de nuestra voluntad; es una imposición de los hechos. Limitarla, reducirla, hacerla nacer artificialmente, es tan difícil como renunciar a ella en toda su plenitud cuando existe". "La división de América latina desencadenó un proceso contradictorio: los centros mundiales de poder se enriquecían mientras las nuevas repúblicas se empobrecían", señalaría luego Jorge Abelardo Ramos, quien vino a mirar la historia argentina y continental desde una mirada distinta y valiente. Su libro Historia de la nación latinoamericana sigue fresco en este presente en el que se intenta resolver un destino iberoamericano (con Brasil incluido)."Resulta irrelevante que unos se consagren a plantear el 'desarrollo' de cada una de las repúblicas latinoamericanas mediante los auxilios del capital extranjero; o mediante el crecimiento independiente del capitalismo nacional; o a través de la revolución socialista, si cada uno de los arbitristas rehúsa considerar a América latina como el espacio político de una nación no constituida", sostenía Ramos.El jueves que pasó se cumplieron 20 años de su muerte. Sus pensamientos, como los de Ugarte, siguen en el camino.