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La vieja política le ganó la batalla al desarrollo regional

Los programas de desarrollo regional no eran tema de Ciencia; los pasaron a Agricultura y Ganadería. Carlos Debandi.

16 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Carlos Debandi (Ex titular de la Agencia Córdoba Ciencia)
La vieja política le ganó la batalla al desarrollo regional

Durante mi gestión al frente de la Agencia Córdoba Ciencia Sociedad del Estado (2000-2007), asumimos como línea prioritaria poner la tecnología al servicio del desarrollo económico y social del norte y noroeste cordobés, eternamente postergados. Ya por aquel entonces sabíamos que la soja no sólo no distribuiría la riqueza de manera automática, como afirman los productivistas, sino que se convertiría en la producción que devoraría recursos naturales y producciones alternativas.Logramos que el Gobierno provincial "protegiera" de tal invasión a las frágiles tierras del monte serrano y comenzamos a trabajar en modelos alternativos para pequeños productores, asociaciones y cooperativas. Plan Caprino. Surgieron varios planes exitosos: el Programa Caprino, por caso, que logró poner la leche de cabra en los principales comercios nacionales, mediante la construcción de dos fábricas modelo, financiadas por el gobierno del Piemonte (Italia): una, en Rayo Cortado; la otra, en San José, Traslasierra. Una tercera, en Paso Viejo, nos quedó a tres cuartos del camino para poder finalizarla. Ese programa se impulsaba con pequeños subsidios, destinados a posibilitar una cadena de frío que permitiera que la leche llegara a las plantas en buen estado; que las instalaciones de los productores fueran adecuadas para garantizar la calidad y para soportar la falta de rentabilidad inicial de las fábricas. No faltaron críticos hacia esos subsidios que, en realidad, constituían "la caña de pescar" de los pobres. Muchos de esos críticos hacen silencio cuando el Gobierno subsidia ahora (todavía lo hace) a las grandes empresas y corporaciones.Por supuesto que cometimos errores. Posiblemente, el principal fue no haber logrado capacitar de modo suficiente a los productores para saber conducir la etapa industrial y comercial. Pero dejamos una infraestructura funcionando, mediante la cual unas 800 familias productoras podían lograr ingresos dignos, fruto de su trabajo. Y logramos poner en el mercado un producto de buena calidad, imprescindible como sustituto de la leche bovina para los lactantes alérgicos a esas proteínas.La instalación de más de 50 freezers en distintas zonas y plantas recolectoras en San Carlos Minas, Salsacate, Chancaní y San Rafael, constituían los principales centros de recolección de la leche. Otros planes. Hubo varios programas más: la producción de espárragos para exportación, con la que logramos que 18 productores regionales sembraran y cosecharan más de 180 hectáreas; apoyamos el desarrollo y la producción de especies aromáticas, alimentarias y medicinales –la Cooperativa Aromet, de Traslasierra fue una de las principales destinatarias–; ayudamos a los productores de tomates de Villa Dolores con subsidios para instalar mallas antigranizo, con lo cual lograron cosechas récord; el programa del olivo distribuyó gratis más de 50 mil plantas para repoblar las cuencas de Traslasierra y Cruz del Eje; participamos activamente en la transformación de una abandonada estación apícola en Villa de Soto en un verdadero "centro tecnológico" orientado a la promoción del olivo y de la vid; se logró inclusive desarrollar un pequeño vivero para reproducir esas especies y montar instalaciones demostrativas para los productores, con aulas equipadas para cursos y talleres. Peleamos contra la usurpación de la colonia de Paso Viejo, en la cual unos pocos habían logrado quedarse de modo ilegal con las parcelas de muchos parceleros originales. Con un decreto del Gobierno provincial quitamos la posesión a los usurpadores, pero abogados inescrupulosos, jueces ladinos y legisladores vacilantes permitieron detener todo mediante amparos. Algo se logró: la Asociación de Productores del Norte Cordobés (Apenoc) pudo quedarse con dos parcelas para producciones comunitarias. A los productores apícolas de Ischilín, les logramos subsidiar el equipamiento de una planta extractora de miel. A las productoras de tejidos de Capilla del Monte, un pequeño taller de telares. Pusimos también un excelente vivero para la reproducción de la flora nativa en Alpa Corral, con el objetivo de repoblar las zonas afectadas por los incendios. Y se podrían enumerar unos cuantos proyectos más, específicos, pequeños, pero importantes para sus beneficiarios.Muchos preguntaban por qué una agencia de Ciencia se dedicaba a esas cosas. Respondía que la ciencia y la tecnología son actividades transversales, que no tienen temas propios. Las consecuencias de la crisis de 2001 y la pobreza estructural de nuestro norte fundamentaban nuestra acción. Algunos lo entendían; otros, no. El 70 por ciento de los recursos de la ex Agencia eran destinados a promover el sector científico mediante subsidios y becas. Es decir, quedó probado que, con poco, puede hacerse bastante si los recursos se destinan a la gente.Terminó nuestra gestión. La Agencia se transformó en ministerio. Se transformó la vieja Secretaría de Agricultura y Ganadería también en ministerio. El nuevo Gobierno "puso orden". Los programas de desarrollo regional no eran tema de la Ciencia y los pasaron al flamante Ministerio de Agricultura y Ganadería.Se acabó casi todo. Esa batalla la ganó la vieja política.