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La torpeza aterrizó 
y señorea en Barajas

Es cada vez más difícil llegar de turista a España. Salvador Treber.

03 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Salvador Treber*
La torpeza aterrizó 
y señorea en Barajas

Para los argentinos que pensaban en realizar un viaje a Europa, comenzar por España era, hasta hace poco tiempo, lo más habitual. Existen lazos muy estrechos con la llamada Madre Patria, pero, de acuerdo a lo que está sucediendo, es preferible pensarlo dos veces. Nuestro país vivió un largo período de casi 30 años (1975-2002) en que, debido a la persecución durante la dictadura, y luego por las múltiples dificultades que presentaba el mercado de trabajo, muchos compatriotas –hijos de españoles, en su mayoría– optaron por emigrar, por lo que se estima que residen allí alrededor de 300 mil. Un atractivo adicional al de las raíces era el hecho de que, a partir de su incorporación a la Unión Europea (UE) y hasta 2007, España registró un período de generalizado progreso en que necesitaba y requería el aporte de esas corrientes, que traían una adecuada calificación profesional.La economía llegó a registrar, entre 1992 y 2007, la tasa más elevada de crecimiento acumulado entre los 27 miembros que integran la UE. La característica distintiva fue que la principal actividad, que le permitía cubrir el alto desequilibrio de su balance comercial (movimiento de mercaderías), fue la turística. La referida expansión y sus condiciones naturales se transformaron en un imán que captó a los visitantes de todas las latitudes, a punto tal que su número anual llegó a superar al de habitantes propios y estables.Resulta obvio que para los latinoamericanos, y en especial los argentinos, la experiencia turística era muy cautivante, ya que, para empezar, mediaba un mismo idioma que elimina una barrera habitual para cualquier extranjero. Por lo tanto, "empezar por España" era una fórmula casi infalible al pensar en un viaje a Europa. Problemática y riesgosa. No obstante, esa práctica se está poniendo cada vez más problemática y riesgosa. Desde 2008, España vive inmersa en una aguda crisis y en cada extranjero ya no ven a un turista sino a un potencial usurpador de un puesto de trabajo. Dado que el entorno no aparece con miras de mejorar y día a día agregan nuevos obstáculos, la situación se complica en grado sumo. La sonrisa y buena disposición para recibir a los argentinos se ha transformado en una actitud agresiva y hasta, en algunos casos, de indisimulada burla. El número de desocupados asciende a casi cuatro millones de personas, con tendencia a crecer. Esa restrictiva política se ha agudizado y abarca a los latinoamericanos y a los que pretendan pisar tierra española y no provengan de países "ricos". Siguen agregando requisitos y, ahora, establecieron que cuando medie la invitación de algún familiar, debe ser hecha en una fórmula preimpresa que lleva una semana gestionarla, a un costo de 150 dólares. Y, en tiempos de comunicaciones instantáneas, hay que enviarla a través del correo tradicional para que sea válida.Llama la atención la forma arbitraria y torpe con que actúa y aplica esas normas el personal del aeropuerto de Barajas, pues no vacila en agredir de palabra y de hecho, procediendo a encerrar en virtuales calabozos de dos por dos a las "víctimas". La tensa espera se prolonga hasta el momento de embarcar en un vuelo de regreso, decidido en forma inapelable.Arguyen en esos casos que no se ha cumplido con las normas establecidas. Como alternativa a la precitada carta de llamada, deberá incluir la constancia de una reserva contratada en firme para el alojamiento, disponer de cierta cantidad de euros o dólares, de un seguro que cubra cualquier tipo de atención médica y de un pasaje de retorno fechado, imponiéndose que la estadía no supere los tres meses. Quien desee permanecer más tiempo, deberá gestionar en un consulado de su país de origen un permiso de residencia, justificando esa pretensión.En 2009, se rechazó en Barajas a unos 1.200 viajeros provenientes de la Argentina, mientras que en 2010 esa cifra subió en forma paralela con el agregado de nuevas trabas, sobre las cuales no se informó con antelación. Podría ser que el gobierno hispano, ganado por algún grado de desesperación en cuanto a la extensión de la crisis, se haya excedido en su celo, pero lo que no puede aceptarse es que ello quede librado al manejo arbitrario y vejatorio de una burocracia que no conoce límites en cuanto al ejercicio del maltrato y actúa como si mediara un añejo resentimiento. Lo sucedido el 6 de julio último constituye un episodio aberrante. Afectó a una viajera marplatense de 88 años, que llegó allí para visitar a sus hijos y nietos que la aguardaban a pocos pasos, en la sala de espera. En un grosero acto de total desconsideración, se la aisló sin que pudiera verlos o darles un beso, quitándole los medicamentos para su afección cardíaca, hasta que fue reembarcada en otro avión que la retornó a Ezeiza. ¿Qué temían de esa pobre anciana, que pretendía, quizá por última vez en su vida, ver a sus seres queridos? Un caso semejante se dio el 20 de julio, con una señora de 72 años. Ambas coinciden en que fueron tratadas como "delincuentes". Ante un tímido y protocolar reclamo de nuestra Cancillería, la respuesta no pudo ser peor. Con suma arrogancia, respaldaron el accionar, sosteniendo que cuando consideran que todas las exigencias no están debidamente cumplimentadas, "no importa la edad". ¿Adónde habrán dejado los más elementales derechos humanos? Evidentemente, esa actitud y esos métodos rememoran a los más odiados regímenes totalitarios, que parece dejaron reminiscencias y aterrizaron para operar en Barajas... ¡Menos mal que las filiales españolas en Latinoamérica fueron las que más utilidades generaron y remitieron a sus casas centrales en España!

*Profesor de posgrado de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC